estrellas. Vos, como joven lozano, que no holláis como yo las pisadas del
invierno frío, disfrutaréis de todo. Allí oiréis un coro de hermosas doncellas.
Oídlas, vedlas, y elegid entre todas la más perfecta. Quizá después de maduro
examen, os parecerá mi hija una de tantas. Tú (al criado) vete reco rriendo las
calles de Verona, y a todos aquellos cuyos nombres verás escritos en este
papel, invítalos para esta noche en mi casa. (Vanse Capuleto y Paris.)


CRIADO.- ¡Pues es fácil encontrarlos a todos! El zapatero está condenado a
usar la vara, el sastre la horma, el pintor el pincel, el pescador las redes, y yo a
buscar a todos aquellos cuyos nombres están escritos aquí, sin saber qué
nombres son los que aquí están escritos. Denme su favor los sabios. Vamos.

(BENVOLIO y ROMEO)


BENVOLIO.- No digas eso. Un fuego apaga otro, un dolor mata otro dolor, a
una pena antigua otra nueva. Un nuevo amor puede curarte del antiguo.
ROMEO.- Curarán las hojas del plátano.
BENVOLIO .- ¿Y qué curarán?
ROMEO.- Las desolladuras.
BENVOLIO.- ¿Estás loco?
ROMEO.- ¡Loco! Estoy atado de pies y manos como los locos, encerrado en
cárcel asperísima, hambriento, azotado y atormentado. (Al criado.) Buenos
días, hombre.
CRIADO.- Buenos días. ¿Sabéis leer, hidalgo?
ROMEO.- Ciertamente que sí.
CRIADO.- ¡Raro alarde! ¿Sabéis leer sin haberlo aprendido? ¿Sabréis leer lo
que ahí dice?
ROMEO.- Si el concepto es claro y la letra también.
CRIADO.- ¿De verdad? Dios os guarde.
ROMEO.- Espera, que probaré a leerlo. "El señor Martín, y su mujer e hijas, el
conde Anselmo y sus hermanas, la viuda de Viturbio, el señor Plasencio y sus
sobrinas, Mercutio y su hermano Valentín, mi tío Capuleto con su mujer e
hijas, Rosalía mi sobrina, Livia, Valencio y su primo Teobaldo, Lucía y la
hermosa Elena." ¡Lucida reunión! ¿Y dónde es la fiesta?

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