BENVOLIO .- ¿Está ligada a Dios por algún voto de castidad?
ROMEO.- No es ahorro el suyo, es desperdicio, porque esconde avaramente su
belleza, y priva de ella al mundo. Es tan discreta y tan hermosa, que no debiera
complacerse en mi tormento, pero aborrece el amor, y ese voto es la causa de
mi muerte.
BENVOLIO.- Déjate de pensar en ella.
ROMEO .- Enséñame a dejar de pensar.
BENVOLIO.- Hazte libre. Fíjate en otras.
ROMEO.- Así brillará más y más su hermosura. Con el negro antifaz resalta
más la blancura de la tez. Nunca olvida el don de la vista quien una vez la
perdió. La belleza de una dama medianamente bella sólo sería un libro donde
leer que era mayor la perfección de mi adorada. ¡Adiós! No sabes enseñarme a
olvidar.
BENVOLIO.- Me comprometo a destruir tu opinión.

ESCENA II

Calle


(CAPULETO, PARIS y un CRIADO)


CAPULETO.- La misma orden que a mí obliga a Montesco, y a nuesfra edad
no debía ser difícil vivir en paz.
PARIS.- Los dos sois iguales en nobleza, y no debierais estar discordes. ¿Qué
respondéis a mi petición?
CAPULETO.- Ya he respondido. Mi hija acaba de llegar al mundo. Aún no
tiene más que catorce años, y no estará madura para el matrimonio, hasta que
pasen lo menos dos veranos.
PARIS.- Otras hay más jóvenes y que son ya madres.
CAPULETO.- Los árboles demasiado tempranos no prosperan. Yo he confiado
mis esperanzas a la tierra y ellas florecerán. De todas suertes, Paris, consulta tú
su voluntad. Si ella consiente, yo consentiré también. No pienso oponerme a
que elija con toda libertad entre los de su clase. Esa noche, según costumbre
inmemorial, recibo en casa a mis amigos, uno de ellos vos. Deseo que piséis
esta noche el modesto umbral de mi casa, donde veréis brillar humanas

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