estado sacerdotal, pero el más sospechoso por la hora y el lugar, voy a
acusarme y a defenderme al mismo tiempo.
PRINCIPE.- Decidnos lo que sepáis.
FRAY LORENZO.- Lo diré brevemente, porque la corta vida que me queda,
no consiente largas relaciones. Romeo se había desposado con Julieta. Yo los
casé, y el mismo día murió Teobaldo. Esta muerte fue causa del destierro del
desposado y del dolor de Julieta. Vos creísteis mitigarle, casándola con Paris.
En seguida vino a mi celda, y loca y ciega me rogó que buscase una manera de
impedir esta segunda boda, porque si no, iba a matarse en mi presencia. Yo le
di un narcótico preparado por mí, cuyos efectos simulaban la muerte, y avisé a
Romeo por una carta, que viniese esta noche (en que ella despertaría) a ayu-
darme a desenterrarla. Fray Juan, a quien entregué la carta, no pudo salir de
Verona, por súbito accidente. Entonces me vine yo solo a la hora prevista, para
sacarla del mausoleo, y llevarla a mi convento, donde esperase a su marido.
Pero cuando llegué, pocos momentos antes de que ella despertara, hallé
muertos a Paris y a Romeo. Despertó ella, y le rogué por Dios que me siguiese
y respetara la voluntad suprema. Ella, desesperada, no me siguió, y a lo que
parece, se ha dado la muerte. Hasta aquí sé. Del casamiento puede dar
testimonio su ama. Y si yo delinquí en algo, dispuesto estoy a sacrificar mi
vida al fallo de la ley, que sólo en pocas horas podrá adelantar mi muerte.
PRINCIPE.- Siempre os hemos tenido por varón santo y de virtudes. Oigamos
ahora al Criado de Romeo.
BALTASAR.- Yo di a mi amo noticia de la muerte de Julieta. A toda prisa
salimos de Mantua, y llegamos a este cementerio. Me dio una carta para su
padre, y se entró en el sepulcro desatentado y fuera de si, amenazándome con
la muerte, si en algo yo le resistia.
PRINCIPE.- Quiero la carta: ¿y dónde está el paje que llamo a la ronda?
PAJE.- Mi amo vino a derramar flores sobre el sepulcro de Julieta. Yo me
quedé cerca de alli, según sus órdenes. Llegó un caballero y quiso entrar en el
panteón. Mi amo se lo estorbó, riñeron, y yo fui corriendo a pedir auxilio.
PRINCIPE.- Esta carta confirma las palabras de este bendito fraile. En ella
habla Romeo de su amor y de su muerte: dice que compró veneno a un
boticario de Mantua, y que quiso morir, y descansar con su Julieta. ¡Capuletos,
Montescos, ésta es la maldición divina que cae sobre vuestros rencores! No

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