dinero.
BOTICARIO .- Mi pobreza lo recibe, no mi voluntad.
ROMEO.- Yo no pago tu voluntad, sino tu pobreza.
BOTICARIO.- Este es el ingrediente: desleídlo en agua o en un licor
cualquiera, bebedlo, y caeréis muerto en seguida, aunque tengáis la fuerza de
veinte hombres.
ROMEO.- Recibe tú el dinero. Él es la verdadera ponzoña, engendradora de
más asesinatos que todos los venenos que no debes vender. La venta la he
hecho yo, no tú. Adiós: compra pan, y cúbrete. No un veneno, sino una bebida
consoladora llevo conmigo al sepulcro de Julieta.



ESCENA II

Celda de fray Lorenzo


(FRAY JUAN y FRAY LORENZO)


FRAY JUAN.- ¡ Hermano mío, santo varón!
FRAY LORENZO.- Sin duda es Fray Juan el que me llama. Bien venido seáis
de Mantua; ¿qué dice Romeo? Dadme su carta, si es que traéis alguna.
FRAY JUAN.- Busqué a un fraile descalzo de nuestra orden, para que me
acompañara. Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de
una casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos dejaron
salir. Por eso se desbarató el viaje a Mantua.
FRAY LORENZO.- ¿Y quién llevó la carta a Romeo?
FRAY JUAN.- Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quien os la
devolviese. Tal miedo tenían todos a la peste.
FRAY LORENZO.- ¡Qué desgracia! ¡Por vida de mi padre San Francisco! Y
no era carta inútil, sino con nuevas de grande importancia. Puede ser muy
funesto el retardo. Fray Juan, búscame en seguida un azadón y llévale a mi
celda.
FRAY JUAN.- En seguida, hermano. (Vase.)
FRAY LORENZO.- Sólo tengo que ir al cementerio, porque dentro de tres

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