siempre la suya. ¿No queríais verla honrada y ensalzada? ¿Pues a qué vuestro
llanto, cuando Dios la ensalza y encumbra más allá del firmamento? No amáis
a vuestra hija tanto como la ama Dios. La mejor esposa no es la que más vive
en el mundo, sino la que muere joven y recién casada. Detened vuestras
lágrimas. Cubrir su cadáver de romero, y llevadla a la iglesia según costumbre,
ataviada con sus mejores galas. La naturaleza nos obliga al dolor, pero la razón
se ríe.
CAPULETO.- Los preparativos de una fiesta se convierten en los de un
entierro: nuestras alegres músicas en solemne doblar de campanas: el festín en
comida funeral: los himnos en trenos: las flores en adornos de ataúd. .. todo en
su contrario.
FRAY LORENZO.- Retiraos, señor, y vos, señora, y vos, conde Paris.
Prepárense todos a enterrar este cadáver. Sin duda el cielo está enojado con
vosotros. Ved si con paciencia y mansedumbre lográis desarmar su cólera.
(Vanse.)
MÚSICO 1°.- Recojamos los instrumentos, y vámonos.
AMA.- Recogedlos sí, buena gente. Ya veis que el caso no es para música.
MÚSICO 1°.- Más alegre podía ser. (Entra Pedro.)
PEDRO.- ¡Oh, músicos, músicos! "la paz del corazón." "la paz del corazón."
Tocad por vida mía "la paz del corazón".
MÚSICO 1°.- ¿Y por qué "la paz del corazón"?
PEDRO.- ¡Oh, músicos! porque mi corazón está tañendo siempre "mi dolorido
corazón". Cantad una canción alegre, para que yo me distraiga.
MÚSICO 1°.- No es ésta ocasión de canciones.
PEDRO.- ¿Y por qué no?
MÚSICO 1°.- Claro que no.
PEDRO.- Pues entonces yo os voy a dar de veras.
MÚSICO 1°.- ¿Que nos darás?
PEDRO.- No dinero ciertamente, pues soy un pobre lacayo, pero os daré que
sentir.
MÚSICO 1°.- ¡Vaya con el lacayo!
PEDRO.- Pues el cuchillo del lacayo os marcará cuatro puntos en la cara.
¿Venirme a mí con corchetes y bemoles? Yo es enseñaré la solfa.
MÚSICO 1°.- Y vos la notaréis, si queréis enseñárnosla.

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