Abre los ojos, o déjame morir contigo. ¡Favor, favor! (Entra Capuleto.)


CAPULETO.- ¿No os da vergüenza? Ya debía de haber salido Julieta. Su
novio la está esperando.
AMA.- ¡Si está muerta! ¡Aciago día!
SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Aciago día! ¡Muerta, muerta!
CAPULETO.- ¡Dejádmela ver! ¡Oh, Dios! que espanto, ¡Helada su sangre,
rígidos sus miembros! Huyó la rosa de sus labios. ¡Yace tronchada como la flor
por prematura y repentina escarcha! ¡Hora infeliz!
AMA.- ¡Día maldito!
SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Aciago día!
CAPULETO.- La muerte que fiera la arrebató, traba mi lengua e impide mis
palabras. (Entran fray Lorenzo, Paris y músicos.)
FRAY LORENZO.- ¿Cuándo puede ir la novia a la iglesia?
CAPULETO.- Sí irá, pero para quedarse allí. En vísperas de boda, hijo mío,
vino la muerte a llevarse a tu esposa, flor que deshojó inclemente la Parca. Mi
yerno y mi heredero es el sepulcro: él se ha desposado con mi hija. Yo moriré
también, y él heredará todo lo que poseo.
PARIS.- ¡Yo que tanto deseaba ver este día, y ahora es tal vista la que me
ofrece!
SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Infeliz, maldito, aciago día! ¡Hora la más terrible
que en su dura peregrinación ha visto el tiempo ! ¡ Una hija sola! ¡Una hija
sola, y la muerte me la lleva! ¡Mi esperanza, mi consuelo, mi ventura! ...
AMA.- ¡Día aciago y horroroso, el más negro que he visto nunca! ¡El más
horrendo que ha visto el mundo! ¡Aciago día!
PARIS.- ¡Y yo burlado, herido, descasado, atormentado! ¡Cómo te mofas de
mí, cómo me conculcas a tus plantas, fiera muerte ! ¡ Ella, mi amor, mi vida,
muerta ya!
CAPULETO.- ¡Y yo despreciado, abatido, muerto! Tiempo cruel, ¿por qué
viniste con pasos tan callados a turbar la alegría de nuestra fiesta? ¡Hija mía,
que más que mi hija era mi alma! ¡Muerta, muerta, mi encanto, mi tesoro!
FRAY LORENZO.- Callad, que no es la queja remedio del dolor. Antes vos y
el cielo poseíais a esa doncella: ahora el cielo solo la posee, y en ello gana la
doncella. No pudisteis arrancar vuestra parte a la muerte. El cielo guarda para

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