el fraile para matarme y eludir su responsabilidad por haberme casado con
Romeo? Pero mi temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mí tan
ruines pensamientos! ¿Y si me despierto encerrada en el ataúd, antes que
vuelva Romeo? ¡Qué horror! En aquel estrecho recinto, sin luz, sin aire.. . me
voy a ahogar antes que él llegue. Y la espantosa imagen de la muerte. .. y la
noche.. . y el horror del sitio... la tumba de mis mayores... aquellos huesos
amontonados por tantos siglos... el cuerpo de Teobaldo que está en
putrefacción muy cerca de allí... los espíritus que, según dicen, interrumpen. . .
de noche, el silencio de aquella soledad... ¡Ay, Dios mío! ¿no será fácil que al
despertarme, respirando aquellos miasmas, oyendo aquellos lúgubres gemidos
que suelen entorpecer a los mortales, aquellos gritos semejantes a las quejas de
la mandrágora cuando se le arranca del suelo... no es fácil que yo pierda la
razón, y empiece a jugar en mi locura con los huesos de mis antepasados, o a
despojar de su velo funeral el cadáver de Teobaldo, o a ma-chacarme el cráneo
con los pedazos del esqueleto de alguno de mis ilustres mayores? Ved. . . Es la
sombra de mi primo, que viene con el acero desnudo, buscando a su matador
Romeo. ¡Detente, Teobaldo! ¡A la salud de Romeo! (Bebe.)



ESCENA IV

Casa de Capuleto


(La SEÑORAy el AMA)


SEÑORA DE CAPULETO.- Toma las llaves: tráeme más especias.
AMA.- Ahora piden clavos y dátiles.
CAPULETO.- (Que entra.) Vamos, no os detengáis, que ya ha sonado por
segunda vez el canto del gallo. Ya tocan a maitines. Son las tres. Tú, Angela,
cuida de los pasteles, y no reparéis en el gasto.
AMA.- Idos a dormir, señor impertinente. De seguro que por pasar la noche en
vela, amanecéis enfermo mañana.
CAPULETO.- ¡Qué bobería! Muchas noches he pasado en vela sin tanto
motivo, y nunca he enfermado.

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