ROMEO .- Verdad es que ambos empiezan por R.
AMA.- Eso es burla. Yo se que vuestro nombre empieza con otra letra menos
áspera... ¡Si vierais qué graciosos equívocos hace con vuestro nombre y con
Romero ! Gusto os diera oírla.
ROMEO.- Recuerdos a Julieta.
AMA.- Sí que se los daré mil veces. ¡Pedro!
PEDRO.- ¡Qué!
AMA.- Toma el abanico, y guíame.



ESCENA V

Jardín de Capuleto


(JULIETA y el AMA)


JULIETA.- Las nueve eran cuando envié al ama, y dijo que antes de media
hora volvería. ¿Si no lo habrá encontrado? ¡Pero sí! ¡Qué torpe y perezosa!
Sólo el pensamiento debiera ser nuncio del amor. Él corre más que los rayos
del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso pintan al amor
con alas. Ya llega el sol a la mitad de su carrera. Tres horas van pasadas desde
las nueve a las doce, y él no vuelve todavía. Si ella tuviese sangre juvenil y
alma, vo lvería con las palabras de su boca: pero la vejez es pesada como un
plomo. (Salen el Ama y Pedro.) ¡Gracias a Dios que viene! Ama mía, querida
ama... ¿qué noticias traes? ¿Hablaste con él? Que se vaya Pedro.
AMA.- Vete, Pedro.
JULIETA.- Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas
noticias? Dímelas, a lo menos, con rostro alegre. Y si son buenas, no las eches
a perder con esa mirada torva.
AMA.- Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos!
JULIETA.- ¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama
mía.
AMA.- ¡Señor, qué prisa! Aguarda un poco. ¿No me ves sin aliento?
JULIETA.- ¿Cómo sin aliento, cuándo te sobra para decirme que no le tienes?

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