divino altar, perdonadme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso,
con un beso.
JULIETA.- El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero
sólo ha de besar manos de santo.
ROMEO.- ¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero?
JULIETA.- Los labios del peregrino son para rezar.
ROMEO.- ¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios.
Rece el labio y concededme lo que pido.
JULIETA.- El santo oye con serenidad las súplicas.
ROMEO.- Pues oídme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me
purifican. (La besa.)
JULIETA.- En mis labios queda la marca de vuestro pecado,
ROMEO- ¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso.
(Torna a besarla.)


JULIETA.- Besáis muy santamente.
AMA.- Tu madre te llama.
ROMEO.- ¿Quién es su madre?
AMA.- La señora de esta casa, dama tan sabia cómo virtuosa. Yo crié a su hija,
con quien ahora poco estabais hablando. Mucho dinero necesita quien haya de
casarse con ella.
ROMEO.- ¿Con que es Capuleto? ¡Hado enemigo!
BENVOLIO.- Vámonos, que se acaba la fiesta.
ROMEO.- Harta verdad es, y bien lo siento.
CAPULETO.- No os vayáis tan pronto, amigos. Aún os espera una parca cena.
¿Os vais? Tengo que daros a todos l s gracias. Buenas noches, hidalgos.
a
¡Luces, luces, aquí! Vámonos a acostar. Ya es muy tarde, primo mío. Vámonos
a dormir. (Quedan solas Julieta y el Ama.)


JULIETA.- Ama, ¿sabes quién es este mancebo?
AMA.- El mayorazgo de Fiter.
JULIETA.- ¿Y aquel otro que sale?
AMA.- El joven Petrucio, si no me equivoco.
JULIETA.- ¿Y el que va detrás. . . aquel que no quiere bailar?

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