con venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. Para nada
repetir con el apuntador, en voz medrosa, un prólogo inútil. Mídannos por el
compás que quieran, y hagamos nosotros unas cuantas mudanzas de baile.
ROMEO.- Dadme una tea. No quiero bailar. El que está a oscuras necesita luz.
MERCUTIO.- Nada de eso, Romeo; tienes que bailar.
ROMEO.- No por cierto. Vosotros lleváis zapatos de baile, y yo estoy como
tres en un zapato, sin poder moverme.
MERCUTIO.- Pídele sus alas al Amor, y con ellas te levantarás de la tierra.
ROMEO.- Sus flechas me han herido de tal modo, que ni siquiera sus plumas
bastan para levantarme. Me ha atado de tal suerte, que no puedo pasar la raya
de mis dolores. La pesadumbre me ahoga.
MERCUTIO.- No has debido cargar con tanto peso al amor, que es muy
delicado.
ROMEO.- ¡Delicado el amor! Antes duro y fuerte y punzante como el cardo.
MERCUTIO.- Si es duro, sé tú duro con él. Si te hiere, hiérele tú, y verás cómo
se da por vencido. Dadme un antifaz para cubrir mi rostro. ¡Una mascara sobre
otra máscara!
BENVOLIO.- Llamad a la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile
como pueda.
ROMEO.- ¡Una antorcha! Yo, imitando la frase de mi abuelo, seré quien lleve
la luz en esta empresa, porque el gato escaldado huye del agua.
MERCUTIO.- De noche todos los gatos son pardos, como decía muy bien el
Condestable. Nosotros te... Si haces esto te salvaremos de tus miras. La luz se
extingue.
ROMEO.- No por cierto.
MERCUTIO.- Mientras andamos en vanas palabras, se gastan las antorchas.
Entiende tú bien lo que quiero decir.
ROMEO.- ¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido?
MERCUTIO.- ¿Y lo dudas?
ROMEO .- Tuve anoche un sueño.
MERCUTIO.- Y yo otro esta noche.
ROMEO.- ¿Y a qué se reduce tu sueño?
MERCUTIO.- Comprendí la diferencia que hay del sueño a la realidad.
ROMEO.- En la cama fácilmente se sueña.

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