JULIETA.- Señora, aquí estoy. Dime qué sucede.
SEÑORA.- Sucede que... Ama, déjanos a solas un rato. .. Pero no, quédate.
Deseo que oigas nuestra conversación. Mi hija está en una edad decisiva.
AMA.- Ya lo creo. No me acuerdo qué edad tiene exactamente.
SEÑORA.- Todavía no ha cumplido los catorce.
AMA.- Apostaría catorce dientes (¡ay de mí, no tengo más que cua fro!) a que
no son catorce. ¿Cuándo llega el día de los Angeles?
SEÑORA.- Dentro de dos semanas.
AMA.- Sean pares o nones, ese día, en anocheciendo, cumple Julieta años.
¡Válgame Dios! La misma edad tendrían ella y mi Susana. Bien, Susana ya está
con Dios, no merecía yo tanta dicha. Pues como iba diciendo, cumplirá catorce
años la tarde de los Angeles. ¡Vaya si los cumplirá! Me acuerdo bien. Hace
once años, cuando el terremoto, la quitamos el pecho. Jamás confundo aquel
día con ningún otro del año. Debajo del palomar, sentada al sol, unté mi pecho
con acíbar. Vos y mi amo estabais en Mantua. ¡ Me acuerdo tan bien! Pues
como digo, la tonta de ella, apenas probó el pecho y lo halló tan amargo, ¡qué
furiosa se puso contra mí! ¡Temblaba el palomar! Once años van de esto. Ya se
tenía en pie, ya corría. .. tropezando a veces. Por cierto que el día antes se había
hecho un chichón en la frente, y mi marido Q Dios le tenga en gloria!) con qué
gracia levantó a la niña, y le dijo: "Vaya, ¿te has caído de frente? No caerás así
cuando te entre el juicio. ¿Verdad, Julieta?" Sí, respondió la inocente
limpiándose las lágrimas. El tiempo hace verdades las burlas. Mil años que
viviera, me acordaría de esto. "¿No es verdad, Julieta?" y ella lloraba y decía
que sí.
SEÑORA.- Basta ya. Cállate, por favor te lo pido.
AMA.- Me callaré, señora; pero no puedo menos de reírme, acordándome que
dijo sí, y creo que tenía en la frente un chichón tamaño como un huevo, y
lloraba que no había consuelo para ella.
JULIETA.- Cállate ya; te lo suplico.
AMA.- Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa
que he criado nunca. ¡ Qué grande sería mi placer en verla casada!
JULIETA.- Aún no he pensado en tanta honra.
AMA.- ¡Honra! Pues si no fuera por haberte criado yo a mis pechos, te diría
que habías mamado leche de discreción y sabiduría.

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