he dicho, y de haber comprobado que había pasado un año, lo dividí en semanas, señalando cada siete días
el domingo. Al final, me di cuenta de que había perdido uno o dos días en mis cómputos.
Poco tiempo después, mi tinta comenzó a escasear, así que me limité a usarla con mucho cuidado y no
escribía sino los acontecimientos más importantes de mi vida, abandonando el recuento diario de otras
menudencias.
Comencé a observar los cambios de estación y aprendí a prever el paso de la estación seca a la húmeda, a
fin de abastecerme adecuadamente. Mas tuve que pagar muy cara mi experiencia pues lo que voy a relatar,
fue uno de los acontecimientos más desalentadores que me ocurrieron en toda la vida. Anteriormente, he
dicho que guardé algunas de las espigas de cebada y de arroz, que tan milagrosamente habían brotado.
Tenía como treinta espigas de arroz y veinte de cebada y pensé que, pasadas las lluvias, era el mejor
momento para sembrarlas pues el sol estaba más hacia el sur respecto de mí.
Preparé un trozo de tierra lo mejor que pude con mi pala de madera, lo dividí en dos partes y sembré las
semillas pero, mientras lo hacía, se me ocurrió que no debía sembrarlas to das la primera vez ya que no
sabía cuál era el mejor momento para hacerlo. De este modo, sembré dos terceras partes de las semillas y
guardé un puñado de cada una. Más tarde, me alegré de haberlo hecho así pues ni uno solo de los granos
que sembré produjo nada, puesto que se aproximaba la estación seca, y no volvió a llover después de la
siembra. Por tanto la tierra no tenía humedad para que las semillas germinaran y, no lo hicieron hasta que
volvieron las lluvias; entonces germinaron como si estuviesen recién sembradas.
Cuando me di cuenta de que las semillas no germinaban, pude intuir fácilmente que era a causa de la
sequía, de modo que busqué un terreno más húmedo para hacer otro experimento. Aré un trozo de tierra
cerca de mi emparrado y sembré el resto de las semillas en febrero, un poco antes del equinoccio de
primavera. Las lluvias de marzo y abril las hicieron brotar perfectamente y dieron una buena cosecha, mas,
como no me atreví a sembrar toda la que había guardado, tan solo obtuve una pequeña cosecha, que no
ascendía a más de un celemín48 de cada grano.
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Celemín: Medida de capacidad para áridos. Se divide en cuatro cuartillos y equivale a 4,624 litros,
aunque según las zonas esta cantidad varía. (En el original pone: half a peck, es decir, medio peck. 1 peck
es 1/4 de bushel y 1 bushel equivale, en Inglaterra, a 36,35 l, de manera que medio peck son: 4,543 1.)
Este experimento me hizo experto en la materia y ahora sabía, exactamente, cuál era la estación propicia
para sembrar y, además, que podía sembrar y cosechar dos veces al año.
Mientras crecía el grano hice un pequeño descubrimiento que luego me rindió gran provecho. Tan pronto
como cesaron las lluvias y el tiempo mejoró, lo cual ocurrió hacia el mes de noviembre, fui a mi emparrado
del campo, al cual no iba desde hacía varios meses, y encontré todo tal y como lo había dejado. El cerco o
doble empalizada que había construido estaba completo y fuerte y de algunos troncos habían brotado ramas
largas, como las de un sauce llorón, al año siguiente de la poda, pero no sabía de qué árbol había cortado
las estacas. Sorprendido y complacido de ver aquellos retoños, los podé para que crecieran tan
uniformemente como fuese posible y resulta cas i increíble que en tres años crecieran tan maravillosamente,
de forma que, si la empalizada formaba un círculo de casi veinticinco yardas de diámetro, los árboles -que
así podía llamarlos- la cubrie ron completamente, dando suficiente sombra como para refugiarme durante
toda la estación seca.
Decidí entonces cortar otras estacas para hacer una empalizada como esta alrededor de mi muro, me
refiero al de mi primera vivienda, y así lo hice. Coloqué los árboles o troncos en doble fila, a unas ocho
yardas de mi primer muro y crecieron en poco tiempo, formando, al principio, un buen techado para mi
morada y, luego, una buena defensa, como se verá en su momento.
Entonces observé que las estaciones del año se podían dividir, no en invierno y verano como en Europa,
sino en estaciones secas y estaciones de lluvia de la siguiente manera:


Mediados de febrero
marzo Estación de lluvia, con el sol muy cerca del equinoccio.
mediados de abril

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