y separado del barco por la fuerza del mar poco después de que yo terminara de explorarlo, había sido
arrojada hacia un lado y todo el costado donde antes había un buen tramo de agua que no me permitía
llegar hasta el barco si no era nadando un cuarto de milla, se había llenado de arena y ahora casi podía lle-
gar andando hasta él cuando la marea estaba baja. Al principio, esto me sorprendió pero pronto llegué a la
conclusión de que había sido a causa del terremoto, cuya fuerza había roto el barco más de lo que ya estaba;
de modo que, a dia rio, sus restos llegaban hasta la orilla arrastrados por el viento y las olas.
Esto me distrajo completamente de mi proyecto de mu dar mi vivienda y me mantuvo, especialmente ese
día, buscando el modo de volver al barco pero comprendí que no podría hacerlo pues su interior estaba
completamente lleno de arena. Sin embargo, como había aprendido a no desesperar por nada, decidí
arrancar todos los trozos del barco que pudiera sabiendo que todo lo que consiguiera rescatar de él, me sería
útil de un modo u otro.
3 de mayo. Comencé a cortar un pedazo de travesaño que sostenía, según creía, parte de la plataforma o
cubierta. Cuando terminé, quité toda la arena que pude de la parte más elevada pero la marea comenzó a
subir y tuve que abandonar la tarea.
4 de mayo. Salí a pescar pero no cogí ni un solo pescado que me hubiese atrevido a comer y cuando me
aburrí de esta actividad, justo cuando me iba a marchar, pesqué un pequeño delfín. Me había hecho un
sedal con un poco de cuerda pero no tenía anzuelos; no obstante, a menudo cogía suficientes peces, tantos
como necesitaba, y los secaba al sol para comerlos secos.
5 de mayo. Trabajé en los restos del naufragio, corté en pedazos otro travesaño y rescaté tres planchas de
abeto de la cubierta, que até e hice flotar hasta la orilla cuando subió la marea.
6 de mayo. Trabajé en los restos del naufragio, rescaté varios tornillos y otras piezas de hierro, puse
mucho ahínco y regresé a casa muy cansado y con la idea de renunciar a la tarea.
7 de mayo. Volví al barco pero sin intenciones de trabajar y descubrí que el casco se había roto por su
propio peso y por haberle quitado los soportes, de manera que había va rios pedazos sueltos y la bodega
estaba tan al descubierto que se podía ver a través de ella, aunque solo fuera agua y arena.
8 de mayo. Fui al barco con una barra de hierro para arrancar la cubierta que ya estaba bastante despejada
del agua y la arena; arranqué dos planchas y las llevé hasta la orilla, nuevamente, con la ayuda de la marea.
Dejé la barra de hierro en el barco para el día siguiente.
9 de mayo. Fui al barco y me abrí paso en el casco con la barra de hierro. Palpé varios toneles y los aflojé
pero no pude romperlos. También palpé el rollo de plomo de Inglaterra y logré moverlo pero pesaba
demasiado para sacarlo.
10, 11, 12, 13 y 14 de mayo. Fui todos los días al barco y rescaté muchas piezas de madera y planchas o
tablas y doscientas o trescientas libras de hierro.
15 de mayo. Me llevé dos hachas pequeñas para tratar de cortar un pedazo del rollo de plomo,
aplicándole el filo de una de ellas y golpeando con la otra pero como estaba a casi un pie y medio de
profundidad, no pude atinar a darle ni un solo golpe.
16 de mayo. El viento sopló con fuerza durante la noche y el barco se desbarató aún más con la fuerza del
agua, pero me quedé tanto tiempo en el bosque cazando palomas para comer, que la marea me impidió
llegar hasta él ese día. 17 de mayo. Vi algunos restos del barco que fueron arrastrados hasta la orilla, a gran
distancia, a unas dos millas de donde me hallaba. Resolví ir a investigar de qué se trataba y descubrí que
era una parte de la proa, demasiado pesada para llevármela.
24 de mayo. Hasta esta fecha, trabajé diariamente en el barco y, con gran es fuerzo, logré aflojar tantas
cosas con la barra de hierro que cuando subió la marea por primera vez, vinieron flotando hasta la orilla
varios toneles y dos de los arcones de marino; pero el viento soplaba de la costa y no llegó nada más ese
día, excepto unos pedazos de madera y un barril que contenía un poco de cerdo del Brasil, pero el agua y la
arena lo habían estropeado.
Proseguí sin tregua con esta tarea hasta el día 15 de ju nio, con la excepción del tiempo que dedicaba a
buscar alimento, que era, como he dicho, cuando subía la marea, a fin de haber terminado para cuando
bajara. Para esta fecha había reunido suficientes maderas, tablones y hierros para construir un buen bote, si
hubiera sabido cómo. También lo gré reunir, por partes y en varios viajes, hasta cien libras en láminas de
plomo.
16 de junio. Al bajar a la playa, encontré una gran tortuga. Era la primera que veía, lo cual se debía a mi
mala suerte y no a un defecto del lugar ni a la escasez de estos animales, ya que si me hubiera encontrado

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