decidí fortificar con una pared o muro hecho de postes atados con cables por dentro y con matojos por
fuera.
Del 26 al 30. Trabajé con gran empeño para transportar todos mis bienes a mi nueva vivienda aunque
llovió buena parte del tiempo.
El 31. Por la mañana, salí con mi escopeta a explorar la isla y a buscar alimento. Maté a una cabra y su
pequeño me siguió hasta casa y después tuve que matarlo porque no quería comer.
1 de nouiembre. Instalé mi tienda al pie de una roca y permanecí en ella por primera vez toda la noche.
La hice tan espaciosa como pude con las estacas que había traído para poder colgar mi hamaca.
2 de noviembre. Coloqué mis arcones, las tablas y los pedazos de leña con los que había hecho las balsas
a modo de empalizada dentro del lugar que había marcado para mi fortaleza.
3 de noviembre. Salí con mi escopeta y maté dos aves semejantes a patos, que estaban muy buenas. Por
la tarde me puse a construir una mesa.
4 de noviembre. Esta mañana organicé mi horario de trabajo, caza, descanso y distracción; es decir, que
todas las mañanas salía a cazar durante dos o tres horas, si no llovía, entonces trabajaba hasta las once en
punto, luego comía lo que tuviese y desde las doce hasta las dos me echaba una siesta pues a esa hora hacía
mucho calor; por la tarde trabajaba otra vez. Dediqué las horas de trabajo de ese día y del siguiente a
construir mi mesa, pues aún era un pésimo tra bajador, aunque el tiempo y la necesidad hicieron de mí un
excelente artesano en poco tiempo, como, pienso, le hubie se ocurrido a cualquiera.
5 de noviembre. Este día salí con mi escopeta y mi perro y cacé un gato salvaje que tenía la piel muy
suave aunque su carne era incomestible: siempre desollaba todos los animales que cazaba y conservaba su
piel. A la vuelta, por la orilla, vi muchos tipos de aves marinas que no conocía y fui sorprendido y casi
asustado por dos o tres focas 41 que, mientras las observaba sin saber qué eran, se echaron al mar y
escaparon, por esa vez.


41
Parece poco probable que hubiera focas en la desembocadura del Orinoco, en el Atlántico sur. Estas
focas en particular, pudieron venir de las proximidades de Juan Fernández.


6 de noviembre. Después de mi paseo matutino, volví a trabajar en mi mesa y la terminé aunque no a mi
gusto; mas no pasó mucho tiempo antes de que aprendiera a arreglarla.
7 de noviembre. El tiempo comenzó a mejorar. Los días 7, 8, 9, 10 y parte del 12 (porque el 11 era
domingo), me dediqué exclusivamente a construir una silla y, con mucho esfuerzo, logre darle una forma
aceptable aunque no llegó a gustarme nunca y eso que en el proceso, la deshice varias veces. Nota: pronto
descuidé la observancia del domingo porque al no hacer una marca en el poste para indicarlos, olvidé
cuándo caía ese día.
13 de noviembre. Este día llovió, lo cual refrescó mucho y enfrió la tierra pero la lluvia vino acompañada
de rayos y truenos; esto me hizo temer por mi pólvora. Tan pronto como escampó decidí separar mi
provisión de pólvora en tantos pequeños paquetes como fuese posible, a fin de que no corriesen peligro.
14, 15 y 16 de noviembre. Pasé estos tres días haciendo pequeñas cajas y cofres que pudieran contener
una o dos libras de pólvora, a lo sumo y, guardando en ellos la pólvo ra, la almacené en lugares seguros y
tan distantes entre sí como pude. Uno de estos tres días maté un gran pájaro que no era comestible y no
sabía qué era.
17 de noviembre. Este día comencé a excavar la roca detrás de mi tienda con el fin de ampliar el espacio.
Nota: necesitaba tres cosas para realizar esta tarea, a saber, un pico, una pala y una carretilla o cesto.
Detuve el trabajo para pensar en la forma de suplir esta necesidad y hacerme unas herramientas; utilicé las
barras de hierro como pico y funcionaron bastante bien aunque eran pesadas; lo siguiente era una pala u
horca, que era tan absolutamente imprescindible, que no podía hacer nada sin ella; mas no sabía cómo
hacerme una.
18 de noviembre. Al día siguiente, buscando en el bosque, encontré un árbol, o al menos uno muy
parecido, de los que en Brasil se conocen como árbol de hierro por la du reza de su madera. De esta
madera, con mucho trabajo y casi a costa de romper mi hacha, corté un pedazo y lo traje a casa con igual
dificultad pues pesaba muchísimo.

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