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Se refiere al estrecho de Gibraltar.
Pero, tan pronto oscureció, cambié el rumbo y enfilé directamente al sur, ligeramente inclinado hacia el
este para no alejarme demasiado de la costa. Con el buen viento que soplaba y el mar en calma, navegamos
tan bien que, al día siguiente, a las tres de la tarde, cuando vi tierra por primera vez, no podía estar a menos
de ciento cincuenta millas al sur de Salé, mucho más allá de los dominios del emperador de Marruecos, o,
quizás, de cualquier otro monarca de aquellos lares, ya que no se divisaba persona alguna.
No obstante, era tal el temor que tenía de los moros y de caer en sus manos, que no me detuve, ni me
acerqué a la orilla, ni bajé anclas (pues el viento seguía soplando favorablemente). Decidí seguir navegando
en el mismo rumbo durante otros cinco días. Cuando el viento comenzó a soplar del sur, decidí que si
alguno de nuestros barcos había salido a buscarnos, a estas alturas se habría dado por vencido. Así, pues,
me aventuré a acercarme a la costa y me anclé en la boca de un pequeño río, sin saber cuál era, ni dónde
estaba, ni en qué latitud se encontraba, ni en qué país o en qué nación. No podía divisar a nadie, ni deseaba
hacerlo, porque lo único que me interesaba era conseguir agua fresca. Llegamos al estuario 19 por la tarde y
decidimos llegar a nado a la costa tan pronto oscureciera, para explorar el lugar. Mas, tan pronto oscureció,
comenzamos a escuchar un aterrador ruido de ladridos, aullidos, bramidos y rugidos de animales feroces,
desconocidos para nosotros. El pobre chico estaba a punto de morirse de miedo y me suplicó que no
fuéramos a la orilla hasta que se hiciese de día.


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Estuario: Desembocadura.


-Bien, Xury -le dije -, entonces no lo haremos, pero puede que en el día veamos hombres tan peligrosos
como esos leones.
-Entonces les disparamos escopeta -dijo Xury sonriendo-, hacemos huir.
Xury había aprendido a hablar un inglés entrecortado, conversando con nosotros los esclavos. Sin
embargo, me alegraba ver que el chico estuviera tan contento y, para ani marlo, le di a beber un pequeño
trago (de la caja de botellas de nuestro amo). Después de todo, el consejo de Xury me parecía razonable y
lo acepté. Echamos nuestra pequeña ancla y permanecimos tranquilos toda la noche; digo tranquilos porque
ninguno de los dos pudo dormir. Al cabo de dos o tres horas, comenzamos a ver que enormes criaturas
(pues no sabíamos qué llamarlas) de todo tipo, descendían hasta la playa y se metían en el agua,
revolcándose y lavándose, por el mero placer de refrescarse, mientras emitían gritos y aullidos como nunca
los habíamos escuchado.
Xury estaba aterrorizado y, en verdad, yo también lo estaba, pero nos asustamos mucho más cuando
advertimos que una de esas poderosas criaturas nadaba hacia nuestro bote. No podíamos verla pero, por sus
resoplidos, parecía una bestia enorme, monstruosa y feroz. Xury decía que era un león y, tal vez lo fuera,
mas yo no lo sabía. El pobre chico me pidió a gritos que leváramos el ancla y remáramos mar adentro.
-No -dije-, soltaremos el cable con la boya y nos alejaremos. No podrá seguirnos tan lejos.
No bien había dicho esto, cuando me percaté de que la criatura (o lo que fuese) estaba a dos remos de
distancia, lo cual me sorprendió mucho. Entré a toda velocidad en la ca bina y cogiendo mi escopeta le
disparé, lo que le hizo dar la vuelta inmediatamente y ponerse a nadar hacia la playa. Es imposible describir
los horrorosos ruidos, los espeluznantes alaridos y los aullidos que provocamos con el disparo, tanto en la
orilla de la playa como tierra adentro, pues creo que esas criaturas nunca antes habían escuchado un sonido
igual. Estaba convencido de que no intentaríamos ir a la orilla por la noche y me preguntaba cómo lo
haríamos durante el día, pues me parecía que caer en manos de aquellos salvajes era tan terrible como caer
en las garras de leones y tigres20; al menos a nosotros nos lo parecía.
Sea como fuere, teníamos que ir a la orilla a por agua porque no nos quedaba ni una pinta21 en el bote; el
problema era cuándo y dónde hacerlo. Xury decía que, si le permi tía ir a la orilla con una de las tinajas,
intentaría buscar agua y traérmela al bote. Le pregunté por qué prefería ir él a que fuera yo mientras él se
quedaba en el bote, a lo que respondió con tanto afecto, que desde entonces, lo quise para siempre:


20
En África no hay tigres pero la palabra se utilizaba para referirse a la pantera, el leopardo u otro felino
similar.
21
Pinta: Medida inglesa para líquidos, equivale a dos tazas o dieciséis onzas fluidas. En el sistema
métrico decimal, una pinta equivale más o menos a medio litro.

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