ellas día y noche hasta que me muera. Esto mismo es lo que le espera al chico. ¿No
tienes bastante?
La muchacha, en un arrebato de cólera, se lanzó contra el judío. Sikes la agarró las
muñecas y ella, agotada por la tensión, se desmayó.
-Es lo malo de tener que tratar con mujeres -dijo Fagin-. En fin, Charley, enséñale
a Oliver su cama.
Charley Bates condujo a Oliver a una cocina contigua, le quitó la ropa nueva y se la
cambió por unos viejos harapos. Al rato, Oliver se quedó dormido, terriblemente
triste, no tanto por verse otra vez atrapado entre indeseables, como por la idea que
el señor Brownlow se estaría forjando de él.
Oliver no podía imaginar siquiera lo que estaba sucediendo en casa de su
protector. El señor Bumble había tenido que venir a la capital para arreglar unos
asuntos de la parroquia y el destino había querido que, al abrir un periódico, sus ojos
toparan con el siguiente anuncio:

"CINCO GUINEAS DE RECOMPENSA."
"Se ofrecen cinco guineas a quien ofrezca noticias
acerca de Oliver Twist, en paradero desconocido desde
el pasado jueves, así como a quienquiera que facilite
datos sobre su pasado, por el que el anunciante siente
gran i terés."
n

El señor Bumble, movido por posibilidad de ganarse las cinco guineas, se presentó
en casa del señor Brownlow.
-¿Qué sabe usted de él? -le preguntó sin más introducción el anciano caballero.
-No sé qué interés tiene usted en ese muchacho, pero sí le quiero advertir que
tenga cuidado con él. Ese chico nació en el hospicio de la parroquia del que yo soy
celador; es hijo de unos padres ruines y despreciables, como se puede usted figurar
Durante los años que pasó con nosotros, no tuvo ni un gesto de agradecimiento, y
sólo demostró maldad y falsedad. Más tarde se le dio la oportunidad de aprender un
oficio en una casa de pompas fúnebres, pero no se le ocurrió nada mejor que atacar
violentamente a toda la familia que amablemente le había acogido. Tras lo cual,
desapareció sin más ni más, y no hemos vuelto a tener noticias suyas.
-Me temo que lo que dice es verdad -dijo apesadumbrado el señor Brownlow.
Cuando el señor Bumble se hubo marchado con su recom pensa en el bolsillo, el
señor Brownlow llamó a la señora Bedwin y le contó todo lo que le había dicho el
celador
-No puede ser -dijo la viejecita-, nunca lo creeré. Yo sé mucho de niños, y le puedo
asegurar que Oliver Twist es un muchacho agradecido y cariñoso.
-No vuelva a pronunciar nunca más su nombre delante de mí, ¿me oye? No quiero
volver a saber de él.
Hubo muchos corazones tristes aquella noche, y entre ellos el de Oliver que, en la
otra punta de la ciudad, dormía en su miserable cuartucho. Allí permaneció
encerrado durante una semana, al cabo de la cual Fagin le permitió salir y hablar con
los demás muchachos.
A ti te han criado mal, colega -le dijo un día el Pillastre-. Deja que lo eduque Fagin.
Lo quieras o no, terminarás siendo ladrón.
-¡Muy cierto! -lijo el judío, que entraba en aquel preciso momento. Iba
acompañado de Nancy y de un muchacho de unos dieciocho años llamado Tom
Chitling, recién salido de la cárcel y al que Oliver no había visto nunca.
Los siguientes días, los ocuparon todos los miembros de la banda en aleccionar a
Oliver, dándole instrucciones sobre su futuro trabajo a intentando que se

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