Al fin, una vez devuelta de nuevo la nave a una rutina automática -aunque la misma
exigiera su constante supervisión-, Bowman tuvo tiempo para estudiar los informes e
instrucciones enviados de Tierra. Una y otra vez pasó el registro hecho cuando T.M.A.-1
saludó al alba por vez primera en tres millones de años. Contempló moviéndose a su
alrededor a las figuras con traje espacial, y casi sonrió ante su ridículo pánico cuando el
ingenio lanzó el estallido de su señal a las estrellas, paralizando sus radios con el puro
poder de su voz electrónica.
Desde aquel momento, la negra losa no había hecho nada más. Había sido cubierta y
expuesta cuidadosamente al sol... sin ninguna reacción. No se había hecho intento alguno
por hendirla, en parte por precaución científica, pero igualmente por temor a las posibles
consecuencias.
El campo magnético que había conducido a su descubrimiento se había desvanecido
después de producirse aquella explosión electrónica. Quizá, teorizaban algunos expertos,
ésta había sido originada por una tremenda corriente circulante, fluyendo en un
superconductor y portando así energía a través de las edades mientras fue necesario.
Parecía cierto que el monolito tenía alguna fuente interna de poder; la energía solar que
había absorbido durante su breve exposición no podía explicar la fuerza de su señal.
Un rasgo curioso, y quizá sin importancia, del bloque, había conducido a un
interminable debate. El monolito tenía tres metros de altura y por cinco palmos de corte
transversal. Cuando fueron comprobadas minuciosamente sus dimensiones, hallóse la
proporción de 9 a 4 a 1... los cuadrados de los primeros tres números enteros. Nadie
podía sugerir una explicación plausible para ello, mas difícilmente podía ser una
coincidencia, pues las proporciones se ajustaban hasta los límites de precisión
mensurable. Era un pensamiento que semejaba un castigo, el de que la tecnología entera
de la Tierra no pudiese modelar un bloque, de cualquier material, con tal fantástico grado
de precisión. A su modo, aquel pasivo aunque casi arrogante despliegue de geométrica
perfección era tan impresionante como cualesquiera otros atributos de T.M.A.-1.
Bowman escuchó también, con interés curiosamente ausente, la trasnochada apología
del Control de la Misión sobre su programación. Las voces de la Tierra parecían tener un
acento de justificación; podía imaginar las recriminaciones que ya debían estar en curso
progresivo entre quienes habían planeado la expedición.
Tenían, desde luego, algunos buenos argumentos... incluyendo los resultados de un
estudio secreto del Departamento de Defensa, Proyecto BARSOOM, que había sido
llevado a cabo por la escuela de psicología de Harvard en 1989. En este experimento de
sociología controlada, habíase asegurado a varias poblaciones de ensayo que el género
humano había establecido contacto con los extraterrestres. Muchos de los sujetos
probados estaban -con ayuda de drogas, hipnosis y efectos visuales- bajo la impresión de
que habían encontrado realmente a seres de otros planetas, de manera que sus
reacciones fueron consideradas como auténticas.
Algunas de esas reacciones habían sido muy violentas: existía, al parecer, una
profunda veta de xenofobia en muchos seres humanos por lo demás normales. Vista la
crónica mundial de linchamientos, pogroms y hechos similares, ello no debería haber
sorprendido a nadie; sin embargo los organizadores del estudio quedaron profundamente
perturbados, no publicándose jamás los resultados del mismo. Los cinco pánicos
separados causados en el siglo XX como "La guerra de los mundos" de H.G.Wells,
reforzaban también las conclusiones del estudio...
A pesar de esos argumentos, Bowman se preguntaba si el peligro del choque cultural
era la única explicación del extremo secreto de la misión. Algunas insinuaciones hechas
durante su instrucción, sugerían que el bloque USA- URSS esperaba sacar tajada de ser

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