vasos... todo cuanto no había estado bien sujeto. Bowman tuvo tiempo para vislumbrar el
caos desbocado cuando titilaron y se apagaron las luces principales, quedando luego
rodeado por la ululante oscuridad.
Pero casi al instante, se encendió la luz de emergencia alimentada por batería,
iluminando la escena de pesadilla con una radiación azul de encantamiento. Aun sin ella
Bowman podría haber hallado su camino a través de aquellos aledaños familiares,
aunque horriblemente transformados ahora. Sin embargo la luz era una bendición, pues le
permitía evitar los más peligrosos de los objetos que eran barridos por el viento.
En derredor suyo, podía sentir al centrífugo agitándose y operando con esfuerzo bajo
las cargas violentamente variables. Temía que no lo soportaran los cojinetes; de ser así,
el volante giratorio destrozaría la nave. Pero aun eso no importaba... si no alcanzaba a
tiempo el más cercano refugio de emergencia.
Resultaba ya difícil respirar; la presión debía haber bajado a la mitad de la normal. El
aullido del huracán se estaba haciendo cada vez más débil a medida que perdía fuerza, y
el aire enrarecido ya no transmitía tan claramente el sonido. Los pulmones de Bowman se
esforzaban tanto como si estuviese en la cima del Everest. Como cualquier hombre
saludable debidamente entrenado, podría sobrevivir en el vacío por lo menos un minuto...
si disponía de tiempo para prepararse a ello. Pero allí no había habido ningún tiempo; sólo
podía contar con los normales quince segundos de conciencia antes de que su cerebro
quedase paralizado y le venciera la anorexia.
Aun entonces, podría recobrarse completamente al cabo de uno o dos minutos en el
vacío... si era debidamente recomprimido; pasaba bastante tiempo antes que los fluidos
del cuerpo comenzaran a hervir, en sus diversos y bien protegidos sistemas. El tiempo
límite de exposición en el vacío era de casi cinco minutos. No había sido un experimento
sino un rescate de emergencia, y aunque el sujeto había quedado paralizado en parte por
una embolia gaseosa, había sobrevivido.
Mas todo esto no era de utilidad alguna para Bowman. No había nadie a bordo de la
Discovery que pudiera efectuarle la recompresión. Había de alcanzar la seguridad en los
próximos segundos, mediante sus propios esfuerzos individuales.
Afortunadamente, se estaba haciendo más fácil moverse; el enrarecido aire ya no
podía azotarlo y desgarrarlo o baquetearlo con proyectiles volantes. En torno a la curva
del pasillo estaba el amarillo REFUGIO DE EMERGENCIA. Fue hacia él dando traspiés,
asió el picaporte, y tiró de la puerta hacia sí.
Durante un horrible momento pensó que estaba agarrotada. Cedió luego el gozne un
tanto duro, y él cayó en su interior, empleando el peso de su cuerpo para cerrar la puerta
tras de sí.
El reducido cubículo era lo suficientemente grande como para contener a un hombre...
y un traje espacial. Cerca del techo había una pequeña botella de alta presión y de color
verde brillante, con la etiqueta O2 DESCARGA. Bowman asió la pequeña palanca sujeta
a la válvula, y tiró de ella hacia abajo con sus últimas fuerzas.
Sintió verterse en sus pulmones el flujo de fresco y puro oxígeno. Durante un largo
momento quedóse jadeando, mientras aumentaba en su derredor la presión del pequeño
compartimiento. Tan pronto como pudo respirar cómodamente, cerró la válvula. En la
botella había gas suficiente sólo para dos de aquellas tomas; podía necesitar usarla de
nuevo.
Cortada la ráfaga de oxígeno, el compartimiento se tornó silencioso de súbito, y
Bowman permaneció en intensa escucha. Había cesado también el rugido al exterior de la
puerta; la nave estaba vacía, y su atmósfera absorbida por el espacio.

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