Hasta que fuera necesario que lo conocieran.
Así discurría la lógica de los planeadores; pero sus dioses gemelos de la Seguridad y el
Interés Nacional no significaban nada para Hal. El sólo se daba cuenta que el conflicto
estaba ya destruyendo lentamente su integridad... el conflicto entre la verdad y su
ocultación.
Había comenzado a cometer errores; sin embargo, como un neurótico que no podía
observar sus propios síntomas, los había negado. El lazo que lo unía con la Tierra, sobre
el cual estaba continuamente instruida su ejecutoria, se había convertido en la voz de un
consciente al que no podía ya obedecer por completo. Pero el que intentara romper
deliberadamente ese lazo, era algo que jamás admitiría, ni siquiera a sí mismo.
Sin embargo, este era relativamente un problema menor; podía haberlo solucionado -
como la mayoría de los hombres tratan sus neurosis- de no haberse enfrentado con una
crisis que desafiaba su propia existencia. Había sido amenazado con la desconexión; con
ello sería privado de todos sus registros, y arrojado a un inimaginable estado de
inconsciencia.
Para Hal, esto era el equivalente de la muerte. Pues él no había dormido nunca; y en
consecuencia, no sabía que se podía despertar de nuevo...
Así, pues, se protegía con todas las armas de que disponía. Sin rencor -pero sin
piedad- eliminaría el origen de sus frustraciones.
Y, después, siguiendo las órdenes que la habían sido asignadas para un caso de total
emergencia, seguiría la misión... sin trabas, y solo.



28 ­ En el vacío


Un momento después, todos los sonidos quedaron dominados por un bramido,
semejante a la voz de un tornado al aproximarse. Bowman sintió las primeras ráfagas del
huracán azotándole el cuerpo y, un segundo más tarde, le costó gran esfuerzo
permanecer en pie.
La atmósfera se precipitaba descabellada al exterior de la nave, formando un enorme
surtidor en el vacío del espacio. Algo debió de haber ocurrido a los cierres de seguridad
de la cámara reguladora de presión, pues se suponía imposible que ambas puertas se
abriesen al mismo tiempo. Pues bien, lo imposible había sucedido.
¿Pero, cómo, en nombre de Dios? No hubo tiempo para la indagación durante los diez
o quince segundos de consciencia que le quedaron hasta que la presión descendió a
cero. Pero súbitamente recordó algo que uno de los diseñadores de la nave le había dicho
con ocasión de haber estado discutiendo los sistemas de "seguridad total":
- Podemos diseñar un sistema a prueba de accidentes y estupidez; pero no a prueba
de malicia deliberada.
Bowman volvió a lanzar sólo otra ojeada a Whitehead, y salió del cubículo. No podía
estar seguro de si había pasado un destello de conciencia por los pálidos rasgos; quizá un
ojo había parpadeado ligeramente. Pero no había nada que pudiera hacer ahora por
Whitehead o por cualquiera de los otros; tenía que salvarse a sí mismo.
En el empinado y curvo pasillo del centrífugo, aullaba el viento, llevando en su regazo
prendas sueltas de ropa, trozos de papel, artículos alimenticios de la cocina, platos y

78