- Lo siento, Dave, pero de acuerdo con la nota C 1435-guión-4, cuando los miembros
de la tripulación están muertos o incapacitados, el computador de a bordo debe asumir el
control. Por consiguiente, debo no admitir su autoridad, puesto que no se encuentra usted
en condiciones de ejercerla inteligentemente.
- Hal - repuso Bowman, hablando ahora con helada calma -. Yo no estoy incapacitado.
A menos que obedezcas mis instrucciones, me veré obligado a desconectarte.
- Ya sé que ha tenido usted eso en la mente desde hace un buen r to, Dave, pero ello
a
sería un terrible error. Soy tan capaz como usted de supervisar la nave, y tengo tanto
entusiasmo por la misión y confianza en su éxito como usted pueda tenerlos.
- Escúchame atentamente, Hal. A menos que sueltes inmediatamente el control de
hibernación y cumplas cada orden que yo dé en adelante, iré a la central y haré una
desconexión completa.
La rendición de Hal fue tan total como inesperada.
- Está bien, Dave - dijo -. Usted es ciertamente el patrón. Sólo estaba intentando hacer
lo que pensaba que era lo mejor. Naturalmente, seguiré todas sus órdenes. Puede usted
ya disponer del completo control manual de hibernación.
Hal mantuvo su palabra. El indicador del hibernáculo había pasada de AUTO a
MANUAL. El tercer dispositivo -RADIO- era desde luego inútil hasta que se restaurase el
contacto con Tierra.
Al deslizarse Bowman al lado de la puerta al cubículo de Whitehead sintió un ramalazo
de aire frío en su cara, y su aliento se condensó en niebla ante él. Sin embargo no hacía
realmente frío allí; la temperatura estaba muy por encima de cero. Y la temperatura era
superior en más de ciento cincuenta grados a la que reinaba en las regiones a las que se
estaban dirigiendo.
El expositor del biosensor -un duplicado del que se hallaba en el puente de mando-
mostraba que todo se hallaba completamente normal. Bowman miró hacia abajo durante
un rato, contemplando el rostro del geofísico componente del equipo de reconocimiento. Y
pensó que Whitehead se mostraría muy sorprendido al despertarse tan lejos de Saturno.
Resultaba imposible afirmar que no estuviera muerto el durmiente, pues no había en él
el más leve signo de actividad vital. Indudablemente, el diafragma subía y bajaba
imperceptiblemente, pero la curva de la "Respiración" era la única prueba de ello, pues el
cuerpo entero estaba cubierto por las almohadillas eléctricas de calefacción que elevarían
la temperatura en la proporción programada. De pronto, Bowman reparó que había un
signo de continuo metabolismo: a Whitehead le había crecido una leve barbilla durante
sus meses de inconsciencia.
El Manual de Secuencia Reviviente se hallaba contenido en un pequeño
compartimiento de la cabecera del hibernáculo en forma de féretro. Unicamente era
necesario romper el sello, oprimir un botón, y esperar luego. Un pequeño programador
automático -no mucho más complicado que el que determina el ciclo de operaciones de
una máquina lavadora doméstica- inyectaría entonces las debidas drogas,
descohesionaría los pulsos de la electronarcosis, y comenzaría a elevar la temperatura
del cuerpo. En unos diez minutos, sería restaurada la consciencia, aunque pasaría por lo
menos un día antes de que el hibernado pudiera deambular sin ayuda.
Bowman rompió el sello y oprimió el botón. Nada pareció suceder; no hubo ningún
sonido, ni indicación alguna de que el secuenciador hubiera comenzado a funcionar. Pero
en el exhibidor del biosensor, las curvas lánguidamente pulsantes habían comenzado a
cambiar su ritmo. Whitehead estaba volviendo de su sueño.

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