Quedó perplejo por el hecho durante los segundos de su silenciosa aproximación,
dándose luego cuenta de qué se trataba. Durante el viaje, el reflector debió de haber sido
alcanzado muchas veces por micrometeoritos, y lo que estaba viento era el resplandor del
sol a través de los minúsculos orificios. Eran demasiado pequeños como para haber
afectado apreciablemente el funcionamiento del sistema.
Mientras se movía lentamente, interrumpió el suave impacto con su brazo extendido, y
asió la armazón de la antena antes de que pudiera rebotar. Enganchó rápidamente su
cinturón de seguridad al más próximo asidero, lo que le procuraba cierto apuntalamiento
mientras empleaba sus herramientas, luego hizo una pausa, informó de la situación a
Bowman, y reflexionó sobre el siguiente paso a dar.
Había un pequeño problema: se hallaba de pie -o flotando- en su propia luz, y resultaba
difícil ver la unidad A.E.-35. en la sombra que él mismo proyectaba. Ordenó pues a Hal
que hiciese girar los focos a un lado, y tras breve experimentación, obtuvo una iluminación
más uniforme del encendido secundario reflejado en el dorso del plato de la antena.
Estudió durante breves segundos la pequeña compuerta con sus cuatro tuercas de
cierre de seguridad. Luego, murmurando para sí mismo, se dijo: "El manejo por personal
no autorizado invalida la garantía del fabricante", cortó los alambres sellados y comenzó a
desenrollar las tuercas. Eran de tamaño corriente y encajaban en la llave que manejaba.
El mecanismo interno de muelle de la herramienta absorbería la reacción al
desenroscarse las tuercas, de manera que el operador no tendría tendencia a girar a la
inversa.
Las cuatro tuercas fueron desenroscadas sin ninguna dificultad, y Poole las metió
cuidadosamente en un conveniente saquito. (Algún día, había predicho alguien, la Tierra
tendría un anillo como el de Saturno, compuesto enteramente por pernos y tuercas,
sujetadores y hasta herramientas que se le habrían escapado a descuidados trabajadores
de la construcción orbital). La tapa de metal estaba un tanto adherida, y por un momento
temió que pudiera haber quedado soldada por el frío; pero tras unos cuantos golpes se
soltó, y la aseguró al armazón de la antena mediante un gran sujetador de los llamados
de cocodrilo.
Ahora podía ver el circuito electrónico de la unidad A.E.-35. tenía la forma de una
delgada losa, del tamaño de una tarjeta postal, recorrida por una ranura lo bastante ancha
para retenerla. La unidad estaba asegurada por dos pasadores, y tenía una manecilla
para poder sacarla fácilmente.
Pero se hallaba aún funcionando, alimentando a la antena con las pulsaciones que la
mantenían apuntada a la distante cabeza de alfiler que era la Tierra. Si la sacaba ahora,
se perdería todo el control, y el plato volvería a su posición neutral o de azimut cero,
apuntando a lo largo del eje de la Discovery. Y ello podía ser peligroso, podría estrellarse
contra la nave, al girar.
Para evitar este particular peligro, era sólo necesario cortar la energía del sistema de
control; la antena no podría moverse, a menos que chocara con ella Poole. No había
peligro alguno de perder Tierra durante los breves minutos que le llevaría reemplazar la
unidad; su blanco no se habría desviado apreciablemente sobre el fondo de las estrellas
en tan breve lapso de tiempo.
- Hal - llamó Poole por el circuito de la radio -. Estoy a punto de sacar la unidad. Corta
la energía de control al sistema de la antena.
- Cortada energía control antena - respondió Hal.
- Bien. Ahí va. Estoy sacando la unidad.

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