Primero perdió su transparencia, y quedó bañado en pálida y lechosa luminiscencia. A
través de su superficie y en sus profundidades se movieron atormentadores fantasmas
vagamente definidos, los cuales se fusionaron en franjas de luz y sombra, formando luego
rayados diseños entremezclados que comenzaron a girar lentamente.
Los haces de luz giraron cada vez más rápidamente, acelerándose con ellos el vibrar
de los tambores. Hipnotizados del todo, los mono-humanoide sólo podían ya contemplar
con mirada fija y mandíbulas colgantes aquel pasmoso despliegue pirotécnico. Habían
olvidado ya los instintos de sus progenitores y las lecciones de toda una existencia;
ninguno entre ellos, corrientemente, habría estado tan lejos de su cueva tan tarde. Pues la
maleza circundante estaba llena de formas que parecían petrificadas y de ojos fijos, como
si las criaturas nocturnas hubiesen suspendido sus actividades para ver lo que habría de
suceder luego.
Los giratorios discos de luz comenzaron entonces a emerger, y sus radios se fundieron
en luminosas barras que retrocedieron lentamente en la distancia, girando sus ejes al
hacerlo. Escindiéronse luego en pares, y las series de líneas resultantes comenzaron a
oscilar a través unas de otras, cambiando lentamente sus ángulos de intersección.
Fantásticos y volanderos diseños geométricos flamearon y de apagaron al enredarse y
desenredarse las resplandecientes mallas; y los mono-humanoide siguieron con la mirada
fija, hipnotizados cautivos del radiante cristal.
Jamás hubieran adivinado que estaban siendo sondeadas sus mentes, estudiadas sus
reacciones y evaluados sus potenciales. Al principio, la tribu entera permaneció
semiagazapada, en inmóvil cuadro, como petrificada. Luego el mono-humanoide más
próximo a la losa volvió de súbito a la vida.
No varió su posición, pero su cuerpo perdió su rigidez, semejante a la del trance
hipnótico, y se animó como si fuera un muñeco controlado por invisibles hilos. Giró la
cabeza a este y otro lado; la boca se cerró y abrió silenciosamente; las manos se cerraron
y abrieron. Inclinóse luego, arranco una larga brizna de hierba, e intentó anudarla, con
torpes dedos.
Parecía un poseído, pugnando contra un espíritu o demonio que se hubiese apoderado
de su cuerpo. Jadeaba intentando respirar, sus ojos estaban llenos de terror mientras
quería obligar a sus dedos a hacer movimientos más complicados que cualesquiera
hubiese antes intentado.
A pesar de todos sus esfuerzos, únicamente logró hacer pedazos el tallo. Y mientras
los fragmentos caían al suelo, le abandonó la influencia dominante, y volvió a quedarse
inmóvil, como petrificado.
Otro mono-humanoide surgió a la vida, y procedió a la misma ejecución. Este era un
ejemplar más joven, y por ende más adaptable, logrando lo que el más viejo había fallado.
En el planeta Tierra, había sido enlazado el primer tosco nudo...
Otros hicieron cosas más extrañas y todavía más anodinas. Algunos extendieron sus
brazos en toda su longitud e intentaron tocarse las yemas de los dedos... primero con
ambos ojos abiertos y luego con uno cerrado. Algunos hubieron de mirar fijamente en las
formas trazadas en el cristal, que se fueron dividiendo cada vez más finamente hasta
fundirse en un borrón gris. Y todos oyeron aislados y puros sonidos, de variado tono que
rápidamente descendieron por debajo del nivel del oído.
Al llegar la vez a Moon-Watcher sintió muy poco temor. Su principal sensación era la de
un sordo resentimiento, al contraerse sus músculos y moverse sus miembros
obedeciendo órdenes que no eran completamente suyas.

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