precisos, y hasta si lo fueran, serían millones de veces demasiado complejos para la
comprensión humana.
Sea como fuere, el resultado final fue una máquina-inteligencia que podía reproducir -
algunos filósofos preferían la palabra "remedar"- la mayoría de las actividades del cerebro
humano, y con mucha mayor velocidad y seguridad. Era sumamente costosa y sólo
habían sido construidas hasta la fecha unas cuantas unidades de la HAL 9.000; pero
estaba comenzando a sonar un tanto a hueca la vieja chanza de que siempre sería más
fácil hacer cerebros orgánicos mediante un inhábil trabajo.
Hal había sido entrenado para aquella misión tan esmeradamente como sus colegas
humanos... y a un grado de potencia mucho mayor, pues además de su velocidad
intrínseca, no dormía nunca. Su primera tarea era mantener en su punto los sistemas de
subsistencia, comprobando continuamente la presión del oxígeno, la temperatura, el
ajuste del casco, la radiación y todos los demás factores inherentes de los que dependían
las vidas del frágil cargamento humano. Podía efectuar las intrincadas correcciones de
navegación y ejecutar las necesarias maniobras de vuelo cuando era el momento de
cambiar de rumbo. Y podía atender a los hibernadores, verificando cualquier ajuste
necesario a su ambiente, y distribuyendo las minúsculas cantidades de fluidos
intravenosos que los mantenían con vida.
Las primeras generaciones de computadoras habían recibido la información necesaria
a través de teclados de máquinas de escribir aumentados, y habían replicado a través de
impresores de alta velocidad y despliegues visuales. Hal podía hacerlo también así, de
ser necesario, pero la mayoría de sus comunicaciones con sus camaradas de navegación
se hacían mediante la palabra hablada. Poole y Bowman podían hablar a Hal como si
fuese un ser humano, y él replicaría en el más puro y perfecto inglés que había aprendido
durante las fugaces semanas de su electrónica infancia.
Sobre si Hal pudiera realmente pensar, era una cuestión que había sido establecida por
el matemático Inglés Alan Turing en los años cuarenta. Turing había señalado que, si se
podía llevar a cabo una prolongada conversación con una máquina -indistintamente
mediante máquina de escribir o micrófono- sin ser capaz de distinguir entre sus
respuestas y las que podría dar un hombre, en tal caso la máquina estaba pensando, por
cualquier sensible definición de la palabra. Hal podía pasar con facilidad el test de Turing.
Y hasta podía llegar el día en que Hal tomase el mando de la nave, en caso de
emergencia, si nadie respondía a sus señales, intentaría despertar a los durmientes
miembros de la tripulación, mediante una estimulación eléctrica y química. Y si no
respondían, pediría nuevas órdenes por radio a la Tierra.
Y entonces, si tampoco la Tierra respondiese, adoptaría las medidas que juzgara
necesarias para la salvaguardia de la nave y la continuación de la misión... cuyo real
propósito sólo él conocía, y que sus colegas humanos jamás habrían sospechado.
Poole y Bowman se habían referido a menudo humorísticamente a sí mismos como
celadores o conserjes a bordo de una nave que podía realmente andar por sí misma. Se
hubieran asombrado mucho, y su indignación hubiera sido más que regular, al descubrir
cuanta verdad contenía su chanza.



17 ­ En crucero

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