automática de resurrección, y que pronto estaría viendo a otros seres humanos. Era
magnífico, pero no se excitó por ello.
Ahora sentía hambre. La computadora, desde luego, había previsto tal necesidad.
- Hay un botón junto a su mano derecha, Dave. Si tiene hambre, apriételo.
Bowman obligó a sus dedos a tantear en torno, y descubrió el bulbo periforme. Lo
había olvidado todo, aunque debiera haber sabido que estaba allí. ¿Cuánto más había
olvidado? ¿borraba la memoria la hibernación?
Oprimió el botón y esperó. Varios minutos después, emergía de la litera un brazo
metálico, y una boquilla de plástico descendía hacia sus labios. Chupó ansiosamente, y
un líquido cálido y dulce pasó por su garganta, procurándole renovada fuerza a cada gota.
Apartó luego la boquilla, y descansó otra vez. Ya podía mover brazos y piernas; no era
ya un imposible sueño el pensamiento de andar.
Aunque sentía que le volvían rápidamente las fuerzas, se habría contentado con yacer
allí para siempre, de no haber habido otros estímulos del exterior. Mas entonces otra voz
le habló... y esta vez era cabalmente humana, no una construcción de impulsos eléctricos
reunidos por una memoria más- que- humana. Era también una voz familiar, aunque pasó
algún rato antes de que la reconociera.
- Hola, Dave. Está volviendo en sí magníficamente. Ya puede hablar. ¿Sabe donde se
encuentra?
Esto le preocupó unos momentos. Si realmente estaba orbitando en torno a Saturno,
¿qué había sucedido durante todos los meses que pasaron desde que abandonara la
Tierra? De nuevo comenzó a preguntarse si estaría padeciendo amnesia.
Paradójicamente, el mismo pensamiento le tranquilizó. Pues si podía recordar la palabra
"amnesia", su cerebro debía estar en muy buen estado.
Pero aún no sabía donde se encontraba, y el locutor, al otro extremo del circuito, debió
de haber comprendido perfectamente su situación.
- No se preocupe, Dave. Aquí Frank Poole. Estoy vigilando su corazón y respiración...
todo está perfectamente normal. Relájese... tranquilícese.
Vamos a abrir la puerta y a sacarle a usted.
Una suave luz inundó la cámara, y vio la silueta de formas móviles recortadas contra la
ensanchada entrada. Y en aquel momento todos sus recuerdos volvieron a su mente y
supo exactamente donde se encontraba.
Aunque había vuelto sano y salvo de los más lejanos linderos del sueño, y de las más
próximas fronteras de la muerte, había estado allí tan sólo una semana.
Al abandonar el Hibernáculo, no vería el frío firmamento de Saturno, el cual estaba a
más de un año en el futuro y a mil quinientos millones de kilómetros de allí. Se encontraba
aún en el departamento de adiestramiento del Centro de Vuelo Espacial, en Houston, bajo
el ardiente sol de Texas.



16 ­ HAL


Pero ahora Texas era invisible, y hasta resultaba difícil ver los Estados Unidos. Aunque
el inductor de bajo impulso de plasma había sido cortado, la Discovery se hallaba aún

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