minúscula fracción de esa materia prima sería tratada; pero no había manera de decir que
observación podía desear consultar algún científico, dentro de diez, o de cincuenta, o de
cien años. Así, pues, todo había de ser mantenido archivado, acumulado en interminables
galerías dotadas de aire acondicionado; todo se guardaba por triplicado en los tres
centros, contra la posibilidad de pérdida accidental. Formaba parte del auténtico tesoro de
la Humanidad, más valioso que todo el oro encerrado inútilmente en los sótanos de los
Bancos.
Y ahora el Monitor 79 del espacio profundo había notado algo extraño... una débil
aunque inconfundible perturbación que cruzaba el Sistema Solar, y totalmente distinta de
cualquier fenómeno natural que observara en el pasado. Automáticamente, registró la
dirección, el tiempo, la intensidad; en pocas horas pasaría la información a la Tierra.
Como también o haría Orbiter M 15, que gravitaba en torno a Marte dos veces al día; y
l
la sonda 21 de alta inclinación, que ascendía lentamente sobre el plano de la eclíptica; y
hasta el cometa artificial 5, dirigiéndose a las frías inmensidades de allende Plutón,
siguiendo una órbita cuyo punto más distante no alcanzaría hasta dentro de mil años.
Todos captaron ese extraño chorro de energía que había perturbado sus instrumentos;
todos, como era debido, informaron automáticamente a los depósitos de memoria de la
distante Tierra.
Las computadoras podían no haber percibido nunca la conexión entre cuatro peculiares
series de señales de las sondas espaciales en órbitas independientes a millones de
kilómetros de distancia. Pero tan pronto como lanzó una ojeada a su informe matinal, el
Pronosticador de Radiación de Goddard supo que algo raro había atravesado el Sistema
Solar durante las últimas veinticuatro horas.
Tenía sólo parte de su huella, pero cuando la computadora la proyectó al Cuadro de
situación Planetaria, apareció tan clara e inconfundible como una estela de vapor a través
de un firmamento sin nubes, o como una línea de pisadas sobre nieve virgen. Alguna
forma inmaterial de energía, arrojando una espuma de radiación como la estela de una
lancha de carreras, había brotado con ímpetu de la cara de la Luna, y estaba dirigiéndose
hacia las estrellas.



III ­ ENTRE PLANETAS



15 ­ Discovery


La nave se encontraba aún a sólo treinta días de la Tierra, pero sin embargo David
Bowman hallaba a veces difícil creer que hubiese conocido jamás otra existencia que la
del cerrado y pequeño mundo de la nave Discovery. Todos sus años de entrenamiento,
todas sus anteriores misiones a la Luna y a Marte, parecían pertenecer a otro mundo, a
otra vida.
Frank Poole confesaba tener los mismos sentimientos, y a veces había lamentado,
bromeando, que el próximo psiquiatra estuviese casi a la distancia de ciento cincuenta
millones de kilómetros. Pero aquella sensación de aislamiento y de desamparo era
bastante fácil de comprender, y ciertamente no indicaba anormalidad alguna. En los
treinta años desde que los hombres se aventuraron por el espacio, nunca había habido
una misión como aquella.

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