Solamente parecían respetarse mutuamente; simplemente, estaban de acuerdo o en
desacuerdo.
Cabía ciertamente poca concordancia entre la naturaleza de T.M.A.-1, o del Monolito
Tycho, como algunos preferían llamarlo, reteniendo parte de la abreviatura. En las seis
horas desde que había puesto pie en la Luna, Floyd había oído una docena de teorías,
mas no se había pronunciado por ninguna de ellas. Santuario, templete, tumba, mojón de
reconocimiento, instrumento selenofísico... estas eran quizás las sugestiones favoritas, y
algunos de los protagonistas se acaloraban mucho en su defensa. Se habían cruzado
diversas apuestas, y gran cantidad de dinero cambiaría de mano cuando fuera conocida
finalmente la verdad... en el caso de que lo fuera alguna vez.
Hasta el momento el duro material negro de la losa había resistido todos los intentos,
más bien suaves, que habían efectuado Michaels y sus colegas para obtener muestras.
No dudaban en absoluto que un rayo láser la hendiría -pues, seguramente, nada podía
resistir aquella terrible concentración de energía- pero había de dejarse a Floyd la
decisión de emplear medidas violentas. El había decidido ya que los rayos X, las sondas
sónicas, los haces de neutrones y todos los demás medios de investigación no
destructiva, fuesen puestos en juego antes de recurrir a la artillería pesada del láser. Era
muestra de barbarie destruir algo que no se podía comprender; pero quizás los hombres
eran bárbaros en comparación con los seres que habían construido aquel objeto.
¿Y de donde podían haber procedido? ¿De la misma Luna? No, eso era totalmente
improbable. Cualquier avanzada civilización terrestre -presumiblemente no humana- de la
era Pleistocena, habría dejado muchas otras huellas de su existencia. Lo hubiésemos
sabido todo de ella, pensó Floyd, mucho antes de que llegáramos a la Luna.
Ello dejaba dos alternativas... los planetas y las estrellas. Sin embargo, había pruebas
abrumadoras en contra de la vida inteligente en cualquier otra parte del Sistema Solar... o
simplemente de vida de cualquier clase excepto en la Tierra y en Marte. Los planetas
interiores eran demasiado calientes, los exteriores excesivamente fríos, a menos que se
descendiera en su atmósfera a profundidades donde las presiones alcanzaban cientos de
toneladas por centímetro cuadrado.
Así, los visitantes habían venido quizá de las estrellas... lo cual resultaba aún más
increíble. Al mirar arriba, a las constelaciones desparramadas a través del firmamento
lunar de ébano, Floyd recordó cuan a menudo habían "demostrado" sus colegas
científicos la imposibilidad de un viaje interestelar. El recorrido de la Tierra a la Luna era
ya bastante impresionante; pero la más próxima estrella se encontraba a una distancia
cien millones de veces mayor... Especular era perder el tiempo; debía esperar hasta que
hubiese más pruebas.
- Sujétense por favor los cinturones de seguridad y afiancen todos los objetos sueltos -
dijo de pronto el altavoz de la cabina -. Se aproxima un declive de cuarenta grados.
Dos postes señalizadores con luces parpadeantes habían aparecido en el horizonte, y
el vehículo estaba maniobrando entre ellos. Apenas se había ajustado Floyd sus correas,
cuando el vehículo se inclinó lentamente sobre el borde de un declive realmente terrorífico
y comenzó a descender una larga pendiente cubierta de derrubios y tan empinada como
el tejado de una casa. La oblicua luz terrestre que provenía de la parte posterior,
procuraba muy escasa iluminación, por lo que se habían encendido los focos del vehículo.
Hacía muchos años Floyd se había encontrado en la boca del Vesubio, mirando al cráter,
por lo que podía ahora imaginarse fácilmente que estaba sumiéndose en otro semejante,
no resultando en verdad nada agradable la sensación.

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