¡Tres millones de años! El infinitamente atestado panorama de la historia escrita, con
sus imperios y sus reyes, sus triunfos y sus tragedias, cubre escasamente una milésima
de ese tremendo lapso de tiempo. No sólo el propio hombre, sino la mayoría de los
animales que viven hoy en la Tierra, no existían siquiera cuando ese negro enigma fue
cuidadosamente enterrado aquí, en el más brillante y más espectacular de todos los
cráteres de la Luna.
De que fue enterrado, y del todo deliberadamente, estaba absolutamente seguro el
doctor Michaels. "Al principio -explicaba-, más bien esperaba que pudiera marcar el
emplazamiento de alguna estructura subterránea, pero nuestras más recientes
excavaciones han eliminado tal suposición. Se halla asentado en una amplia plataforma
del mismo negro material, con roca inalterada debajo. Las criaturas que lo diseñaron
quisieron asegurarse que permanecería inconmovible ante los mayores terremotos
lunares. Estaban construyendo para la eternidad."
Había un acento triunfal, y, sin embargo, melancólico, en la voz de Michaels, y Floyd
compartía ambas emociones. Al fin, había sido respondido uno de los más antiguos
interrogantes del hombre; aquí estaba la prueba, más allá de toda sombra de duda, que
no era la suya la única inteligencia que había producido el Universo. Pero con ese
conocimiento volvía de nuevo una dolorosa certidumbre de la inmensidad del Tiempo. La
Humanidad había narrado en cien mil generaciones todo cuanto pasara de aquel modo.
Quizás estaba bien así, se dijo Floyd. Sin embargo... ¡cuánto podíamos haber aprendido
de seres que podían cruzar el espacio, mientras nuestros antepasados vivían aún en los
árboles!
Unos cientos de metros más adelante, emergía un poste indicador sobre el
singularmente limitado horizonte de la Luna. En su base había una estructura en forma de
tienda, cubierta con reluciente chapa de plata, evidentemente para protección contra el
terrible calor diurno. Al pasar el vehículo junto a ella, Floyd pudo leer a la brillante luz
terrestre:
Depósito de emergencia-3
20 litros de lox (oxígeno líquido)
10 litros de agua
20 paquetes de alimento Mk 4
1 caja de herramientas Tipo B
1 serie de pertrechos de reparación
¡Teléfono!
- ¿Sabe algo de eso? - preguntó Floyd, apuntando afuera -. Supongo que debe tratarse
de un escondrijo de abastecimientos, dejado por alguna expedición que nunca volvió...
- Es posible - admitió Michaels -. El campo magnético rotuló ciertamente su posición,
de manera que pudiera ser fácilmente hallada. Pero es más bien pequeña... no puede
contener mucha cantidad de abastecimientos.
- ¿Por qué no? - intervino Halvorsen -. ¿Quién sabe lo grande que eran ellos? Quizá
sólo tenían centímetros de estatura, lo cual convertiría a eso en una construcción de una
altura de veinte o treinta pisos. Michaels meneó la cabeza.
- Queda descartado - protestó -. No puede haber criaturas inteligentes muy pequeñas;
se necesita un mínimo de tamaño cerebral.
Floyd ya se había dado cuenta que Michaels y Halvorsen solían sustentar opiniones
opuestas, aun cuando no pareciese existir una hostilidad o fricción personal entre ellos.

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