- No demasiado mal - replicó Halvorsen -. Sin embargo, hay algo que es mejor que
conozcas, antes de que te metas en harina.
- ¿Qué es ello?
- Bueno, supongo que podría describirlo como un problema moral - suspiró Halvorsen.
¡Oh!
- No es serio todavía, pero va rápidamente en camino de serlo.
- La suspensión de noticias.
- Exacto - replicó Halvorsen -. Mi gente se está soliviantando con ello. Después de
todo, la mayoría de ellos tienen familias en la Tierra, las cuales creen probablemente que
se han muerto de una epidemia lunar.
- Lo siento - dijo Floyd - pero a nadie se le ocurrió una tapadera mejor, y hasta ahora ha
servido. Por cierto... encontré a Moisevich en la Estación Espacial y hasta él se la tragó.
- Bien, eso debería hacer feliz a la seguridad.
- No demasiado... ha oído hablar del T.M.A. Uno; comienzan a filtrarse rumores...
Nosotros no podemos hacer una declaración, hasta que sepamos qué diablos es y si
nuestros amigos los chinos están tras ello.
- El doctor Michaels cree que tiene una respuesta para eso. Se muere por decírsela a
usted.
Floyd vació su copa.
- Y yo me muero por oírle. Vamos allá.



11 ­ Anomalía


La conferencia tuvo lugar en una amplia estancia rectangular que podía contener
fácilmente cien personas. Estaba equipada con los más recientes dispositivos ópticos y
electrónicos y se habría parecido a una sala de conferencias modelo a no ser por los
numerosos carteles, retratos, anuncios y pinturas de aficionados, que indicaban que
también era el centro de la vida cultural local. A Floyd le llamó la atención una colección
de señales, reunidas evidentemente con esmerado cuidado, y que portaban advertencias
tales como Por Favor, apártese del césped; No aparque en días pares; Prohibido fumar; A
la playa; Paso de ganado; Peraltes suaves; No dé comida a los animales. De ser
auténticos -como ciertamente lo parecían- su transporte desde la Tierra debió de haber
costado una pequeña fortuna. Había un conmovedor desafío en ellos; en aquel mundo
hostil, los hombres podían bromear aún sobre las cosas que se habían visto obligados a
abandonar... y que sus hijos no echarían nunca en falta.
Un numeroso grupo de cuarenta o cincuenta personas estaba esperando a Floyd, y
todos se levantaron cortésmente cuando entró siguiendo al administrador. Mientras
saludaba con un ademán de la cabeza a varios rostros conocidos, Floyd cuchicheó a
Halvorsen:
- Me gustaría decir unas cuantas palabras antes de la conferencia.
Floyd tomó asiento en la fila de delante, mientras el Administrador subía a la tribuna y
miraba en torno a su auditorio.

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