lunares y planetarios, y garantizadas piezas auténticas de Luniks, Rangers y Surveyors,
todas ellas montadas esmeradamente en plástico y de precios exorbitantes.
- ¿Puedo servirle algo mientras esperamos? - preguntó Miller.
Embarcaremos dentro de unos treinta minutos.
- Me iría bien una taza de café cargado -dos terrones- y desearía llamar a Tierra.
- Bien, doctor. Voy a buscar el café... los teléfonos están allí.
Las pintorescas cabinas telefónicas estaban sólo a pocos metros de una barrera con
dos entradas rotuladas BIENVENIDOS A LA SECCION U.S.A. y BIENVENIDOS A LA
SECCION SOVIETICA. Bajo estos anuncios había advertencias que decían en inglés,
ruso, chino, alemán, francés y español:
TENGA DISPUESTO POR FAVOR SU:
Pasaporte
Visado
Certificado Médico
Permiso de transporte
Declaración de peso
Resultaba de un simbolismo más bien divertido el hecho que tan pronto como los
pasajeros atravesaban las barreras, en cualquiera de las dos direcciones, quedaban libres
para mezclarse de nuevo. La división era puramente para fines administrativos.
Floyd, tras comprobar que la Clave de Zona para los Estados Unidos seguía siendo 81,
marcó las doce cifras del número de su casa, introdujo en la ranura de abono su carta de
crédito de plástico, para todo uso, y obtuvo la comunicación en treinta segundos.
Washington dormía aún, pues faltaban varias horas para el alba, pero no molestaría a
nadie. Su ama de llaves se informaría del mensaje en el registrador, en cuanto se
despertara.
"Miss Flemming... aquí Mr. Floyd. Siento que tuviera que marcharme tan de prisa.
Llame por favor a mi oficina y pídales que recojan el coche... se encuentra en el
"Aeropuerto Dulles", y la llave la tiene Mr. Bailey, oficial de Control de Vuelo.
Seguidamente llame al "Chevy Chase Country Club", y comunique a secretaría que no
podré participar en el torneo de tenis de la próxima semana. Presente mis excusas... pues
temo que contarán conmigo. Llame luego a la "Electrónica Downtown" y dígales que si no
está acondicionado para el miércoles el video de mi estudio... pueden llevárselo."
Hizo una pausa para respirar, y para intentar pensar en otras crisis o problemas que
podían presentarse durante los días venideros. "Si anda escasa de dinero, pídalo en la
oficina; pueden tener mensajes urgentes para mí, pero yo puedo estar demasiado
ocupado para contestar. Besos a los pequeños, y dígales que volveré tan pronto pueda.
Vaya por Dios... aparece aquí alguien a quien no dedeo ver... llamaré desde la Luna si
puedo... adiós."
Floyd intentó escabullirse de la cabina, pero era demasiado tarde; ya había sido visto.
Y dirigiéndose a él, atravesaba la puerta de salida de la Sección Soviética el doctor Dmitri
Moisevich, de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S.
Dmitri era uno de los mejores amigos de Floyd; y por esa misma razón, era la última
persona con quien deseaba hablar en aquel momento.

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