Cuando él vido que los rostriquemados bastaban para testigos del milagro, no la
quiso dar más a besar. Subióse al pie del altar y de allí decía cosas maravillosas,
diciendo que por la poca caridad que había en ellos había Dios permitido aquel
milagro y que aquella cruz había de ser llevada a la santa iglesia mayor de su
Obispado; que por la poca caridad que en el pueblo había, la cruz ardía. Fue tanta
la prisa que hubo en el tomar de la bula, que no bastaban dos escribanos ni los
clerigos ni sacristanes a escribir. Creo de cierto que se tomaron mas de tres mil
bulas, como tengo dicho a V.M. después, al partir, él fue con gran reverencia,
como es razón, a tomar la santa cruz, diciendo que la había de hacer engastonar
en oro, como era razón. Fue rogado mucho del concejo y clérigos del lugar les
dejase allí aquella santa cruz por memoria del milagro allí acaecido. Él en ninguna
manera lo quería hacer y al fin, rogado de tantos, se la dejó; con que le dieron otra
cruz vieja que tenían antigua de plata, que podrá pesar dos o tres libras, según
decían.
Y ansí nos partimos alegres con el buen trueque y con haber negociado bien. En
todo no vio nadie lo susodicho sino yo, porque me subía par del altar para ver si
había quedado algo en las ampollas, para ponello en cobro, como otras veces yo
lo tenía de costumbre. Y como allí me vio, púsose el dedo en la boca haciéndome
señal que callase. Yo ansí lo hice porque me cumplía, aunque, después que vi el
milagro, no cabía en mi por echallo fuera, sino que el temor de mi astuto amo no
me lo dejaba comunicar con nadie, ni nunca de mi salió, porque me tomo
juramento que no descubriese el milagro. Y ansí lo hice hasta agora}. Y aunque
mochacho, cayóme mucho en gracia, y dije entre mí:
"¡Cuantas destas deben hacer estos burladores entre la inocente gente!"
Finalmente, estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los cuales
pase también hartas fatigas{, aunque me daba bien de comer a costa de los curas
y otros clérigos do iba a predicar.}




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