vuestra merced!, o por lo menos: ¡Besoos, señor, las manos!, si el que me habla es
caballero. Y ansí, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento nunca
más le quise sufrir, ni sufriría ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que
¡Mantengaos Dios! me diga."
"Pecador de mí -dije yo-, por eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no
sufres que nadie se lo ruegue."
"Mayormente -dijo- que no soy tan pobre que no tengo en mi tierra un solar de
casas, que a estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nací,
en aquella Costanilla de Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil
maravedís, según se podrían hacer grandes y buenas; y tengo un palomar que, a
no estar derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos; y
otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra. Y vine a esta
ciudad, pensando que hallaría un buen asiento, mas no me ha sucedido como
pensé. Canónigos y señores de la iglesia, muchos hallo, mas es gente tan limitada
que no los sacarán de su paso todo el mundo. Caballeros de media talla, también
me ruegan; mas servir con estos es gran trabajo, porque de hombre os habéis de
convertir en malilla y si no, ¡anda con Dios! os dicen. Y las más veces son los
pagamentos a largos plazos, y las más y las más ciertas, comido por servido. Ya
cuando quieren reformar conciencia y satisfaceros vuestros sudores, sois librados
en la recámara, en un sudado jubón o raída capa o sayo. Ya cuando asienta un
hombre con un señor de título, todavía pasa su lacería. ¿Pues por ventura no hay
en mi habilidad para servir y contestar a éstos? Por Dios, si con él topase, muy
gran su privado pienso que fuese y que mil servicios le hiciese, porque yo sabría
mentille tan bien como otro, y agradalle a las mil maravillas: reille ya mucho sus
donaires y costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle
cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su
persona en dicho y hecho; no me matar por no hacer bien las cosas que el no
había de ver, y ponerme a reñir, donde lo oyese, con la gente de servicio, porque
pareciese tener gran cuidado de lo que a él tocaba; si riñese con algún su criado,
dar unos puntillos agudos para la encender la ira y que pareciesen en favor del
culpado; decirle bien de lo que bien le estuviese y, por el contrario, ser malicioso,
mofador, malsinar a los de casa y a los de fuera; pesquisar y procurar de saber
vidas ajenas para contárselas; y otras muchas galas de esta calidad que hoy día
se usan en palacio. Y a los señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus
casas hombres virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios y
que no son personas de negocios ni con quien el señor se puede descuidar. Y con
estos los astutos usan, como digo, el día de hoy, de lo que yo usaría. Mas no
quiere mi ventura que le halle."
Desta manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación
de su persona valerosa.
Pues, estando en esto, entró por la puerta un hombre y una vieja.
El hombre le pide el alquiler de la casa y la vieja el de la cama. Hacen cuenta, y
de dos en dos meses le alcanzaron lo que él en un año no alcanzara: pienso que


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