carne; y también, como aquel día no había comido casi nada, rabiaba de hambre,
la cual con el sueño no tenía amistad. Maldíjeme mil veces -¡Dios me lo perdone!-
y a mi ruin fortuna, allí lo más de la noche, y (lo peor) no osándome revolver por no
despertalle, pedí a Dios muchas veces la muerte.
La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus calzas y
jubón y sayo y capa -y yo que le servía de pelillo- y vístese muy a su placer de
espacio. Echéle aguamanos, peinóse y puso su espada en el talabarte y, al tiempo
que la ponía, díjome:
"!Oh, si supieses, mozo, que pieza es esta! No hay marco de oro en el mundo por
que yo la diese. Mas ansí ninguna de cuantas Antonio hizo, no acertó a ponelle los
aceros tan prestos como esta los tiene."
Y sacóla de la vaina y tentóla con los dedos, diciendo:
"¿Vesla aquí? Yo me obligo con ella cercenar un copo de lana."
Y yo dije entre mí:
"Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de cuatro libras."
Tornóla a meter y ciñósela y un sartal de cuentas gruesas del talabarte, y con un
paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles
meneos, echando el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el brazo, y
poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo:
"Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oír misa, y haz la cama, y ve por la
vasija de agua al rió, que aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten
algo, y ponla aquí al quicio, porque si yo viniere en tanto pueda entrar."
Y suúbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le
conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o a lo menos
camarero que le daba de vestir.
"!Bendito seáis vos, Señor -quedé yo diciendo-, que dais la enfermedad y ponéis el
remedio! ¿Quién encontrará a aquel mi señor que no piense, según el contento de
sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aun agora es de
mañana, no le cuenten por muy bien almorzado? !Grandes secretos son, Señor,
los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañará aquella buena
disposición y razonable capa y sayo y quien pensará que aquel gentil hombre se
paso ayer todo el día sin comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lázaro
trujo un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha
limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacia
servir de la halda del sayo? Nadie por cierto lo sospechara. !Oh Señor, y cuántos
de aquestos debéis vos tener por el mundo derramados, que padecen por la negra
que llaman honra lo que por vos no sufrirían!"
Ansí estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas cosas y otras muchas,
hasta que el señor mi amo traspuso la larga y angosta calle, y como lo vi
trasponer, tornéme a entrar en casa, y en un credo la anduve toda, alto y bajo, sin
hacer represa ni hallar en qué. Hago la negra dura cam a y tomo el jarro y doy
comigo en el rió, donde en una huerta vi a mi amo en gran recuesta con dos
rebozadas mujeres, al parecer de las que en aquel lugar no hacen falta, antes


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