comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados, y dellos todavía saque alguna
lacería, tocándolos muy ligeramente, a uso de esgremidor diestro. Como la
necesidad sea tan gran maestra, viéndome con tanta, siempre, noche y día, estaba
pensando la manera que ternía en sustentar el vivir; y pienso, para hallar estos
negros remedios, que me era luz la hambre, pues dicen que el ingenio con ella se
avisa y al contrario con la hartura, y así era por cierto en mí.
Pues estando una noche desvelado en este pensamiento, pensando cómo me
podría valer y aprovecharme del arcaz, sentí que mi amo dormía, porque lo
mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba
durmiendo. Levantéme muy quedito y, habiendo en el día pensado lo que había de
hacer y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, voyme
al triste arcaz, y por do había mirado tener menos defensa le acometí con el
cuchillo, que a manera de barreno dél usé. Y como la antiquísima arca, por ser de
tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego
se me rindió, y consintió en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto
hecho, abro muy paso la llagada arca y, al tiento, del pan que halle partido hice
según deyuso está escrito. Y con aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar,
me volví a mis pajas, en las cuales repose y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y
echábalo al no comer; y ansí sería, porque cierto en aquel tiempo no me debían de
quitar el sueño los cuidados del rey de Francia.
Otro día fue por el señor mi amo visto el daño así del pan como del agujero que yo
había hecho, y comenzó a dar a los diablos los ratones y decir:
"¿Qué diremos a esto? ¡Nunca haber sentido ratones en esta casa sino agora!"
Y sin dubda debía de decir verdad; porque si casa había de haber en el reino
justamente de ellos privilegiada, aquella de razón había de ser, porque no suelen
morar donde no hay qué comer. Torna a buscar clavos por la casa y por las
paredes y tablillas a atapársel os. Venida la noche y su reposo, luego era yo puesto
en pie con mi aparejo, y cuantos él tapaba de día, destapaba yo de noche. En tal
manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin dubda por esto se debió decir: "Donde
una puerta se cierra, otra se abre." Finalmente, parecíamos tener a destajo la tela
de Penélope, pues cuanto el tejía de día, rompía yo de noche; ca en pocos días y
noches pusimos la pobre despensa de tal forma, que quien quisiera propiamente
della hablar, más corazas viejas de otro tiempo que no arcaz la llamara, según la
clavazón y tachuelas sobre sí tenía.
De que vio no le aprovechar nada su remedio, dijo:
"Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá ratón
a quien se defienda; y va ya tal que, si andamos más con él, nos dejará sin guarda;
y aun lo peor, que aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en
costa de tres o cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de hasta aquí no
aprovecha, armaré por de dentro a estos ratones malditos."
Luego busco prestada una ratonera, y con cortezas de queso que a los vecinos
pedía, contino el gato estaba armado dentro del arca, lo cual era para mi singular
auxilio; porque, puesto caso que yo no había menester muchas salsas para comer,


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