mesonera la oración de la emparedada, asió de un cuerno, y con un gran sospiro
dijo:
"¡Oh, mala cosa, peor que tienes la hechura! ¡De cuántos eres deseado poner tu
nombre sobre cabeza ajena y de cuán pocos tenerte ni aun oír tu nombre, por
ninguna vía!"
Como le oí lo que decía, dije:"Tío, ¿qué es eso que decís?"
"Calla, sobrino, que algún día te dará éste, que en la mano tengo, alguna mala
comida y cena."
"No le comeré yo -dije- y no me la dará."
"Yo te digo verdad; si no, verlo has, si vives."
Y ansí pasamos adelante hasta la puerta del mesón, adonde pluguiere a Dios
nunca allá llegáramos, según lo que me sucedía en él.
Era todo lo más que rezaba por mesoneras y por bodegoneras y turroneras y
rameras y ansí por semejantes mujercillas, que por hombre casi nunca le vi decir
oración.}
Reíme entre mí, y aunque mochacho noté mucho la discreta consideración del
ciego. Mas por no ser prolijo dejo de contar muchas cosas, así graciosas como de
notar, que con este mi primer amo me acaecieron, y quiero decir el despidiente y
con él acabar.
Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y dióme un pedazo
de longaniza que la asase. Ya que la longaniza había pringado y comídose las
pringadas, sacó un maravedí de la bolsa y mandó que fuese por el de vino a la
taberna. Púsome el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen
decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y
ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí. Y como al presente
nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome
puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había
de gozar, no mirando que me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir
con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saque la
longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo,
dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo
asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.
Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza, y cuando vine
halle al pecador del ciego que tenía entre dos rebanadas apretado el nabo, al cual
aun no había conocido por no lo haber tentado con la mano. Como tomase las
rebanadas y mordiese en ellas pensando también llevar parte de la longaniza,
hallose en frío con el frío nabo. Alterose y dijo:
"¿Que es esto, Lazarillo?"
"¡Lacerado de mi! -dije yo-. ¿Si queréis a mi echar algo? ¿Yo no vengo de traer el
vino? Alguno estaba ahí, y por burlar haría esto."
"No, no -dijo él-,que yo no he dejado el asador de la mano; no es posible "
Yo torné a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio; mas poco me
aprovechó, pues a las astucias del maldito ciego nada se le escondía. Levantóse y


10

10