camino de la luz? -¿Yo? Juan, soy una simple gaviota, y tú eres... -... el único Hijo
de la Gran Gaviota, ¿supongo? -Juan suspiró y miró hacia el mar-.
Ya no me necesitas.
Lo que necesitas es seguir encontrándote a tí mismo, un poco más cada día;
a ese verdadero e ilimitado Pedro Gaviota.
El es tu instructor.
Tienes que comprenderle, y ponerlo en práctica.
Un momento mas tarde el cuerpo de Juan trepidó en el aire, resplandeciente,
y empezó a hacerse transparente.
-No dejes que se corran rumores tontos sobre mí, o que me hagan un dios.
¿De acuerdo, Pedro? Soy gaviota.
Y quizá me encante volar... -¡JUAN! -Pobre Pedro.
No creas lo que tus ojos te dicen.
Sólo muestran limitaciones.
Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de
volar.
El resplandor se apagó.
Y Juan Gaviota se desvaneció en el aire.
Después de un tiempo, Pedro Gaviota se obligó a remontar el espacio y se
enfrentó con un nuevo grupo de estudiantes, ansiosos de empezar su primera
lección.
-Para comenzar -dijo pesadamente-, tenéis que comprender que una gaviota
es una idea ilimitada de la libertad, una imagen de la Gran Gaviota, y todo vuestro
cuerpo, de extremo a extremo del ala, no es más que vuestro propio pensamiento.
Los jóvenes lo miraron con extrañeza.
¡Vaya, hombre!, pensaron, eso no suena a una norma para hacer un rizo...
Pedro suspiró y empezó otra vez: -Hum... ah... muy bien -dijo, y les miró
críticamente-.
Empecemos con el vuelo horizontal.
-Y al decirlo, comprendió de pronto que, en verdad, su amigo no había sido
más divino que el mismo Pe dro.

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