Abruptamente se metió en otra pirueta con un balance de dieciséis puntos,
vertical y lento, contando los puntos en voz alta.
... ocho... nueve... diez... ves -Juan-se-me-está-terminando-la-velocidad -
del-aire... once... Quiero-paradas-perfectas -yagudas -como-las-tuyas... doce...
... pero-¡caramba!-no-puedo-llegar... trece... a-estos -últimos- puntos... sin...
cator... ¡aaakk... ! La torsión de la cola le salió a Pedro mucho peor a causa de su
ira y furia al fracasar.
Se fue de espaldas, volteó, se cerró salvajemente en una barrena invertida, y
por fin se recuperó, jadeando, a treinta metros bajo el nivel en que se hallaba su
instructor.
-¡Pierdes tu tiempo conmigo, Juan! ¡Soy demasiado tonto! ¡Soy demasiado
estúpido! Intento e intento, ¡pero nunca lo lograré! Juan Gaviota lo miró desde
arriba y asintió.
-Seguro que nunca lo conseguirás mientras hagas ese encabritamiento tan
brusco.
Pedro, ¡has perdido sesenta kilómetros por hora en la entrada! ¡Tienes que
ser suave! Firme, pero suave, ¿te acuerdas? Bajó al nivel de la joven gaviota.
-Intentémoslo juntos ahora, en formación.
Y concéntrate en ese encabritamiento.
Es una entrada suave, fácil.
Al cabo de tres meses, Juan tenía otros seis aprendices, todos Exilados, pero
curiosos por esta nueva visión del vuelo por el puro gozo de volar.
Sin embargo, les resultaba más fácil dedicarse al logro de altos rendimientos
que a comprender la razón oculta de ello.
-Cada uno de nosotros es en verdad una idea de la Gran Gaviota, una idea
ilimitada de la libertad -diría Juan por las tardes, en la playa -, y el vuelo de alta
precisión es un paso hacia la expresión de nuestra verdadera naturaleza.
Tenemos que rechazar todo lo que nos limite.
Esta es la causa de todas estas prácticas a alta y baja velocidad, de estas
acrobacias... ... y sus alumnos se dormirían, rendidos después de un día de
volar.

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