gloria que alcanzarían si realmente aprendiéramos a volar? Me da lo mismo lo que
piensen.
¡Yo les mostraré lo que es volar! No seré más que un puro Bandido, si eso es
lo que quieren.
Pero haré que se arrepientan... La voz surgió dentro de su cabeza, y aunque
era muy suave, le asustó tanto que se equivocó y dio una voltereta en el aire.
-No seas tan duro con ellos, Pedro Gaviota.
Al expulsarte, las otras gaviotas solamente se han hecho daño a sí mismas, y
un día se darán cuenta de ello; y un día verán lo que tú ves.
Perdónales y ayúdales a comprender.
A un centímetro del extremo de su ala derecha volaba la gaviota más
resplandeciente de todo el mundo, planeando sin esfuerzo alguno, sin mover una
pluma, a casi la máxima velocidad de Pedro.
El caos reino por un momento dentro del joven pájaro.
-¿Qué está pasando? ¿Estoy loco? ¿Estoy muerto? ¿Qué es esto? Baja y
tranquila continuó la voz dentro de su pensamiento, exigiendo una contestación: -
Pedro Pablo Gaviota, ¿quieres volar? -¡SI, QUIERO VOLAR! -Pedro Pablo
Gaviota, ¿tanto quieres volar que perdonarás a la Bandada, y aprenderás, y
volverás a ella un día y trabajarás para ayudarles a comprender? No había
manera de mentirle a este magnífico y hábil ser, por orgulloso o herido que Pedro
Pablo Gaviota se sintiera.
-Sí, quiero -dijo suavemente.
-Entonces, Pedro -le dijo aquella criatura resplandeciente, y la voz fue muy
tierna-, empecemos con el Vuelo Horizontal... Juan Salvador Gaviota: un relato
Tercera Parte Segunda parte Juan giraba lentamente sobre los Lejanos
Acantilados; observaba.
Este rudo y joven Pedro Gaviota era un alumno de vuelo casi perfecto.
Era fuerte, y ligero, y rápido en el aire, pero mucho más importante, ¡tenía un
devastador deseo de aprender a volar! Aquí venia ahora, una forma borrosa y gris
que salía de su picado con un rugido, pasando como un bólido a su instructor, a
doscientos veinte kilómetros por hora.

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