un Exilado! -Rafa, tengo que volver -dijo por fin-.
Tus alumnos van bien.
Te podrán incluso ayudar con los nuevos.
Rafael suspiró, pero prefirió no discutir.
-Creo que te echaré de menos, Juan -fue todo lo que le dijo.
-¡Rafa, qué vergüenza! -dijo Juan reprochándole-.
¡No seas necio! ¿Qué intentamos practicar todos los días? ¡Si nuestra
amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin
superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad!
Pero supera el espacio, y nos quedará sólo un Aqui.
Supera el tiempo, y nos quedará sólo un Ahora.
Y entre el Aqui y el Ahora, ¿no crees que podremos volver a vernos un par de
veces? Rafael Gaviota tuvo que soltar una carcajada.
-Estás hecho un pájaro loco -dijo tiernamente-.
Si hay alguien que pueda mostrarle a uno en la Tierra cómo ver a mil millas
de distancia, ése será Juan Salvador Gaviota.
-Quedóse mirando la arena-: Adiós, Juan, amigo mío.
-Adiós, Rafa.
Nos volveremos a ver.
-Y con esto, Juan evocó en su pensamiento la imagen de las grandes
bandadas de gaviotas en la orilla de otros tiempos, y supo, con experimentada
facilidad, que ya no era sólo hueso y plumas, sino una perfecta idea de libertad y
vuelo, sin limitación alguna.
Pedro Pablo Gaviota era aún bastante joven, pero ya sabía que no había
pájaro peor tratado por una Bandada, o con tanta injusticia.
-Me da lo mismo lo que digan -pensó furioso, y su vista se nubló mientras
volaba hacia los Lejanos Acantilados-.
¡Volar es tanto más importante que un simple aletear de aqui para alla! ¡Eso
lo puede hacer hasta un... hasta un mosquito! ¡Sólo un pequeño viraje en tonel
alrededor de la Gaviota Mayor, nada más que por diversión, y ya soy un Exilado!
¿Son ciegos acaso? ¿Es que no pueden ver? ¿Es que no pueden imaginar la

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