Yo he ido donde y cuando he querido.
-Miró hacia el mar-.
Es extraño.
Las gaviotas que desprecian la perfección por el gusto de viajar, no llegan a
ninguna parte, y lo hacen lentamente.
Las que se olvidan de viajar por alcanzar la perfección, llegan a todas partes,
y al instante.
Recuerda, Juan, el cielo no es un lugar ni un tiempo, porque el lugar y el
tiempo poco significan.
El cielo es... -¿Me puedes enseñar a volar asi? -Juan Gaviota temblaba ante
la conquista de otro desafío.
-Por supuesto, si es que quieres aprender.
-Quiero.
¿Cuándo podemos empezar? -Podríamos empezar ahora, si lo deseas.
-Quiero aprender a volar de esa manera -dijo Juan, y una luz extraña brilló en
sus ojos-.
Dime qué hay que hacer.
Chiang habló con lentitud, observando a la joven gaviota muy
cuidadosamente.
-Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -
dijo-, debes empezar por saber que ya has llegado... El secreto, según Chiang,
consistía en que Juan dejase de verse a sí mismo como prisionero de un cuerpo
limitado, con una envergadura de ciento cuatro centímetros y un rendimiento
susceptible de programación.
El secreto era saber que su verdadera naturaleza vivía, con la perfección de
un número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del espacio y del
tiempo.
Juan se dedicó a ello con ferocidad, día tras día, desde el amanecer hasta
después de la medianoche.
Y a pesar de todo su esfuerzo no logró moverse ni un milímetro del sitio
donde se encontraba.

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