¿Quiénes sois? -Somos de tu Bandada, Juan.
Somos tus hermanos.
-Las palabras fueron firmes y serenas -.
Hemos venido a llevarte más arriba, a llevarte a casa.
-¡Casa no tengo! Bandada tampoco tengo.
Soy un Exilado.
Y ahora volamos a la vanguardia del Viento de la Gran Montana.
Unos cientos de metros más, y no podré levantar más este viejo cuerpo.
-Sí que puedes, Juan.
Porque has aprendido.
Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra.
Tal como le había iluminado toda su vida, también ahora el entendimiento
iluminó ese instante de la existencia de Juan Gaviota.
Tenían razón.
El era capaz de volar más alto, y ya era hora de irse a casa.
Echó una larga y última mirada al cielo, a esa magnífica tierra de plata donde
tanto había aprendido.
-Estoy listo -dijo al fin.
Y Juan Salvador Gaviota se elevó con las dos radiantes gaviotas para
desaparecer en un perfecto y oscuro cielo.
Juan Salvador Gaviota: un relato Segunda Parte Primera parte De modo que
esto es el cielo, pensó, y tuvo que sonreírse.
No era muy respetuoso analizar el cielo justo en el momento en que uno está
a punto de entrar en él.
Al venir de la Tierra por encima de las nubes y en formación cerrada con las
dos resplandecientes gaviotas, vió que su propio cuerpo se hacía tan
resplandeciente como el de ellas.
En verdad, allí estaba el mismo y joven Juan Gaviota, el que siempre había
existido detrás de sus ojos dorados, pero la forma exterior había cambiado.
Su cuerpo sentía como gaviota, pero ya volaba mucho mejor que con el
antiguo.

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