viento de la costa, atravesando ciento cincuenta kilómetros de sol a sol.
Con el mismo control interior, voló a traves de espesas nieblas marinas y
subió sobre ellas hasta cielos claros y deslumbradores... mientras las otras
gaviotas yacían en tierra, sin ver más que niebla y lluvia.
Aprendió a cabalgar los altos vientos tierra adentro, para regalarse allí con los
más sabrosos insectos.
Lo que antes había esperado conseguir para toda la Bandada, lo obtuvo
ahora para si mismo; aprendió a volar y no se arrepintió del precio que había
pagado.
Juan Gaviota descubrió que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las
razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer aquellas
de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena.
Vinieron entonces al anochecer, y encontraron a Juan planeando, pacífico y
solitario en su querido cielo.
Las dos gaviotas que aparecieron juto a sus alas eran puras como luz de
estrellas, y su resplandor era suave y amistoso en el alto cielo nocturno.
Pero lo más hermoso de todo era la habilidad con la que volaban; los
extremos de sus alas avanzando a un preciso y constante centímetro de las
suyas.
Sin decir palabra, Juan les puso a prueba, prueba que ninguna gaviota había
superado jamás.
Torció sus alas, y redujo su velocidad a un sólo kilómetro por hora, casi
parándose.
Aquellas dos radiantes aves redujeron tambien la suya, en formación cerrada.
Sabían lo que era volar lento.
Dobló sus alas, giró y cayó en picado a doscientos kilómetros por hora.
Se dejaron caer con él, precipi tándose hacia abajo en formación impecable.
Por fin, Juan voló con igual velocidad hacia arriba en un giro lento y vertical.
Giraron con él, sonriendo.
Recuperó el vuelo horizontal y se quedó callado un tiempo antes de decir: -
Muy bien.

10