arrepentimiento... y ¿qué no podrá? Pero, ¿qué ha de poder con quien
no puede arrepentirse? ¡Oh! ¡Situación infeliz! ¡Oh! ¡Conciencia
ennegrecida con sombras de muerte! ¡Oh! ¡Alma mía aprisionada! Que
cuanto más te esfuerzas para ser libre, más quedas oprimida, ¡Ángeles,
asistidme! Probad en mí vuestro poder. Dóblense mis rodillas tenaces, y
tu corazón mío de aceradas fibras, hazte blando como los nervios del
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niño que acaba de nacer. Todo, todo puede enmendarse .




Escena XXIII



CLAUDIO, HAMLET



HAMLET.- Esta es la ocasión propicia. Ahora está rezando, ahora le
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mato... Y así se irá al cielo... ¿y es esta mi venganza? No,
reflexionemos. Un malvado asesina a mi padre, y yo, su hijo único,
aseguro al malhechor la gloria. ¿No es esto, en vez de castigo, premio y
recompensa? Él sorprendió a mi padre, acabados los desórdenes del
banquete, cubierto de más culpas que el mayo tiene flores... ¿quién
sabe, sino Dios, la estrecha cuenta que hubo de dar? Pero, según nuestra
razón concibe, terrible ha sido su sentencia. ¡Y quedaré vengado
dándole a éste la muerte, precisamente cuando purifica su alma, cuando
se dispone para la partida! No, espada mía, vuelve a tu lugar y espera
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ocasión de ejecutar más tremendo golpe. Cuando esté ocupado en
el juego, cuando blasfeme colérico, o duerma con la embriaguez, o se
abandone a los placeres incestuosos del lecho, u cometa acciones
contrarias a su salvación; hiérele entonces, caiga precipitado al
profundo y su alma quede negra y maldita, como el infierno que ha de
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recibirle . Mi madre me espera, malvado; esta medicina que te
dilata la dolencia no evitará tu muerte.

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