CÓMICO 1.º.- Así os lo prometo.
HAMLET.- Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia
debe guiarte. La acción debe corresponder a la palabra, y ésta a la
acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la
naturaleza. No hay defecto que más se oponga al fin de la
representación que desde el principio hasta ahora, ha sido y es: ofrecer a
la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su
propia imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres. Si
esta pintura se exagera o se debilita, excitará la risa de los ignorantes;
pero no puede menos de disgustar a los hombres de buena razón, cuya
censura debe ser para vosotros de más peso que la de toda la multitud
que llena el teatro. Yo he visto representar a algunos Cómicos, que
otros aplaudían con entusiasmo, por no decir con escándalo; los cuales
no tenían acento ni figura de Cristianos, ni de gentiles, ni de hombres;
que al verlos hincharse y bramar, no los juzgué de la especie humana,
sino unos simulacros rudos de hombres, hechos por algún mal aprendiz.
Tan inicuamente imitaban la naturaleza.
CÓMICO l.º.- Yo creo que en nuestra Compañía se ha corregido
bastante ese defecto.

HAMLET.- Corregidle del todo, y cuidad también que los que hacen
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de payos no añadan nada a lo que está escrito en su papel; porque
algunos de ellos, para hacer reír a los oyentes más adustos, empiezan a
dar risotadas, cuando el interés del drama debería ocupar toda la
atención. Esto es indigno, y manifiesta demasiado en los necios que lo
practican, el ridículo empeño de lucirlo. Id a preparaos.




Escena IX



HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO

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