Aquella incomparable presencia, aquel semblante de florida juventud
alterado con el frenesí. ¡Oh! ¡Cuánta, cuánta es mi desdicha, de haber
visto lo que vi, para ver ahora lo que veo!




Escena VI



CLAUDIO, POLONIO, OFELIA



CLAUDIO.- ¡Amor! ¡Qué! No van por ese camino sus afectos, ni en
lo que ha dicho; aunque algo falto de orden, hay nada que parezca
locura. Alguna idea tiene en el ánimo que cubre y fomenta su
melancolía, y recelo que ha de ser un mal el fruto que produzca; a fin de
prevenirlo, he resuelto que salga prontamente para Inglaterra, a pedir en
mi nombre los atrasados tributos. Acaso el mar y los países diferentes
podrán con la variedad de objetos alejar esta pasión que le ocupa, sea la
que fuere: sobre la cual su imaginación sin cesar golpea. ¿Qué te
parece?

POLONIO.- Que así es lo mejor. Pero yo creo, no obstante, que el
origen y principio de su aflicción provengan de un amor mal
correspondido. Tú, Ofelia, no hay para que nos cuentes lo que te ha
dicho el Príncipe, que todo lo hemos oído.




Escena VII



CLAUDIO, POLONIO

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