(101)
quiere hacer locuras, las haga dentro de su casa. Adiós .
OFELIA.- ¡Oh! ¡Mi buen Dios! Favorecedle.

HAMLET.- Si te casas quiero darte esta maldición en dote. Aunque
seas un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve; no
podrás librarte de la calumnia. Vete a un convento. Adiós. Pero...
escucha: si tienes necesidad de casarte, cásate con un tonto, porque los
hombres avisados saben muy bien que vosotras los convertís en fieras...
(102)
Al convento y pronto. Adiós .
OFELIA.- ¡El Cielo, con su poder, le alivie!

HAMLET.- He oído hablar mucho de vuestros afeites y embelecos.
La naturaleza os dio una cara y vosotras os hacéis otra distinta. Con
esos brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniñado, pasáis por
inocentes y convertís en gracia vuestros defectos mismos. Pero, no
hablemos más de esta materia, que me ha hecho perder la razón... Digo
sólo que de hoy en adelante no habrá más casamientos; los que ya están
casados (exceptuando uno) permanecerán así; los otros se quedarán
solteros... Vete al convento, vete.




Escena V



OFELIA sola



OFELIA.- ¡Oh! ¡Qué trastorno ha padecido esa alma generosa! La
penetración del cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la
esperanza y delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la
gentileza, que estudian los más advertidos: todo, todo se ha aniquilado.
Y yo, la más desconsolada e infeliz de las mujeres, que gusté algún día
la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime
entendimiento desacordado, como la campana sonora que se hiende.

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