RICARDO.- Preguntó poco; pero respondía a todo con prontitud.
GERTRUDIS.- ¿Le habéis convidado para alguna diversión?

RICARDO.- Sí señora, porque casualmente habíamos encontrado
una compañía de Cómicos en el camino; se lo dijimos, y mostró
complacencia al oírlo. Están ya en la corte, y creo que tienen orden de
representarle esta noche una pieza.

POLONIO.- Así es la verdad, y me ha encargado de suplicar a
Vuestras Majestades que asistan a verla y oírla.

CLAUDIO.- Con mucho gusto; me complace en extremo saber que
tiene tal inclinación. Vosotros, señores, excitadle a ella, y aplaudid su
propensión a este género de placeres.

RICARDO.- Así lo haremos.




Escena II



CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA



CLAUDIO.- Tú, mi amada Gertrudis, deberás también retirarte,
porque hemos dispuesto que Hamlet al venir aquí, como si fuera
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casualidad, encuentre a Ofelia. Su padre y yo, testigos los más aptos
para el fin, nos colocaremos donde veamos sin ser vistos: así podremos
juzgar de lo que entre ambos pase, y en las acciones y palabras del
Príncipe conoceremos si es pasión de amor el mal de que adolece.

GERTRUDIS.- Voy a obedeceros, y por mi parte, Ofelia, ¡oh,
cuánto desearía que tu rara hermosura fuese el dichoso origen de la
demencia de Hamlet! Entonces yo debería esperar que tus prendas
amables pudieran para vuestra mutua felicidad restituirle su salud
perdida.

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