Majestad. Satisfecho de este procedimiento el anciano Rey, le señala
sesenta mil escudos anuales, y le permite emplear contra Polonia las
tropas que había levantado. A este fin os ruega concedáis paso libre por
vuestros estados al ejército prevenido para tal empresa, bajo las
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condiciones de recíproca seguridad expresadas aquí .
CLAUDIO.- Está bien, leeré en tiempo más oportuno sus
proposiciones, y reflexionaré lo que debo en este caso responderle.
Entretanto os doy gracias por el feliz desempeño de vuestro encargo.
Descansad. A la noche seréis conmigo en el festín. Tendré gusto de
veros.




Escena VI



CLAUDIO, GERTRUDIS y POLONIO



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POLONIO.- Este asunto se ha concluido muy bien . Mi Soberano
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y vos, señora, explicar lo que es la dignidad de un Monarca, las
obligaciones del vasallo y porque el día es día, noche la noche, y tiempo
el tiempo; sería gastar inútilmente el día, la noche y el tiempo. Así,
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pues, como quiera que la brevedad es el alma del talento, y que
nada hay más enfadoso que los rodeos y perífrasis... Seré muy breve.
Vuestro noble hijo está loco; y le llamo loco, porque (si en rigor se
examina) ¿qué otra cosa es la locura, sino estar uno enteramente loco?
Pero, dejando esto aparte...
GERTRUDIS.- Al caso, Polonio, al caso y menos artificios.

POLONIO.- Yo os prometo, señora, que no me valgo de artificio
alguno. Es cierto que él está loco. Es cierto que es lástima y es lástima
que sea cierto; pero dejemos a un lado esta pueril antítesis, que no
quiero usar de artificios. Convengamos, pues, en que está loco, y ahora

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