viene mi padre, pues la ocasión es favorable me despediré de él otra
vez. Su bendición repetida será un nuevo consuelo para mí.




Escena VIII



POLONIO, LAERTES, OFELIA



POLONIO.- ¿Aún estás aquí? ¡Qué mala vergüenza! A bordo, a
bordo, el viento impele ya por la popa tus velas, y a ti sólo aguardan.
Recibe mi bendición y procura imprimir en la memoria estos pocos
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preceptos. No publiques con facilidad lo que pienses, ni ejecutes
cosa no bien premeditada primero. Debes ser afable, pero no vulgar en
el trato. Une a tu alma con vínculos de acero aquellos amigos que
adoptaste después de examinada su conducta; pero no acaricies con
mano pródiga a los que acaban de salir del cascarón y aún están sin
plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en
ellas, obra de manera que tu contrario huya de ti. Presta el oído a todos
y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia
opinión. Sea tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan;
pero no afectado en su hechura, rico, no extravagante, porque el traje
dice por lo común quién es el sujeto, y los caballeros y principales
señores franceses tienen el gusto muy delicado en esta materia. Procura
no dar ni pedir prestado a nadie, porque el que presta suele perder a un
tiempo el dinero y el amigo, y el que se acostumbra a pedir prestado
falta al espíritu de economía y buen orden, que nos es tan útil. Pero,
sobre todo, usa de ingenuidad contigo mismo, y no podrás ser falso con
los demás, consecuencia tan necesaria como que la noche suceda al día.
Adiós y Él permita que mi bendición haga fructificar en ti estos
consejos.
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LAERTES.- Humildemente os pido vuestra licencia .

POLONIO.- Sí, el tiempo te está convidando y tus criados esperan;

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