te das. ¿A qué has venido de Witemberga? ¡Ah! ¡Marcelo!
MARCELO.- Señor.

HAMLET.- Mucho me alegro de verte con salud también. Pero, la
verdad, ¿a qué has venido de Witemberga?
HORACIO.- Señor..., deseos de holgarme.
HAMLET.- No quisiera oír de boca de tu enemigo otro tanto, ni
podrás forzar mis oídos a que admitan una disculpa que te ofende. Yo
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sé que no eres desaplicado. Pero, dime, ¿qué asuntos tienes en
Elsingor? Aquí te enseñaremos a ser gran bebedor antes que te vuelvas.

HORACIO.- He venido a ver los funerales de vuestro padre.

HAMLET.- No se burle de mí, por Dios, señor condiscípulo. Yo
creo que habrás venido a las bodas de mi madre.

HORACIO.- Es verdad, como se han celebrado inmediatamente.

HAMLET.- Economía, Horacio, economía. Aún no se habían
enfriado los manjares cocidos para el convite del duelo, cuando se
sirvieron en las mesas de la boda... ¡Oh! yo quisiera haberme hallado en
el cielo con mi mayor enemigo, antes que haber visto aquel día. ¡Mi
padre!... Me parece que veo a mi padre.

HORACIO.- ¿En dónde, señor?
HAMLET.- Con los ojos del alma, Horacio.

HORACIO.- Alguna vez le vi. Era un buen Rey.

HAMLET.- Era un hombre tan cabal en todo que no espero hallar
otro semejante.
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HORACIO.- Señor, yo creo que le vi anoche .
HAMLET.- ¿Le viste? ¿A quién?

HORACIO.- Al Rey vuestro padre.
HAMLET.- ¿Al Rey mi padre?

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