a menudo hieren nuestros sentidos? Este es un delito contra el Cielo,
contra la muerte, contra la naturaleza misma; es hacer una injuria
absurda a la razón, que nos da en la muerte de nuestros padres la más
frecuente de sus lecciones, y que nos está diciendo, desde el primero de
los hombres hasta el último que hoy expira: Mortales, ved aquí vuestra
irrevocable suerte. Modera, pues, yo te lo ruego, esa inútil tristeza,
considera que tienes un padre en mi puesto, que debe ser notorio al
mundo que tú eres la persona más inmediata a mi trono y que te amo
con el afecto más puro que puede tener a su hijo un padre. Tu
resolución de volver a los estudios de Witemberga es la más opuesta a
nuestro deseo, y antes bien te pedimos que desistas de ella;
permaneciendo aquí, estimado y querido a vista nuestra, como el
primero de mis Cortesanos, mi pariente y mi hijo.
GERTRUDIS.- Yo te ruego Hamlet, que no vayas a Witemberga;
quédate con nosotros. No sean vanas las súplicas de tu madre.

HAMLET.- Obedeceros en todo será siempre mi primer conato.

CLAUDIO.- Por esa afectuosa y plausible respuesta quiero que seas
otro yo en el imperio danés. Venid, señora. La sincera y fiel
condescendencia de Hamlet ha llenado de alegría mi corazón. En
aplauso de este acontecimiento, no celebrará hoy Dinamarca festivos
brindis sin que lo anuncie a las nubes el cañón robusto, y el cielo
retumbe muchas veces a las aclamaciones del Rey repitiendo el trueno
de la tierra. Venid.




Escena V



HAMLET solo



HAMLET.- ¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera
ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el
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Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo!

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